Opinión

La libertad secuestrada

Recuperar al electorado del colapso

¿ Dónde está la libertad de los ciudadanos para gobernarse, si los diputados no responden a los ciudadanos que representan, sino a sus propios intereses y a lo que ordenan los dirigentes políticos? Si no hay elecciones de medio período para controlar los actos de gobierno y el desempeño legislativo y, si no hay posibilidad de elegir directamente los representantes que uno quiera, ¿en qué queda la soberanía popular y el ejercicio del gobierno por los ciudadanos?

¿Dónde está la libertad de elegir presidente, si se aducen limitaciones para votar por quienes ya han probado su capacidad de gobernar? ¿Dónde la razón en el ejercicio de la libertad, si las candidaturas presidenciales se fundan en maniobras de propaganda –apariencias fabricadas y no hechos– y no en la capacidad y solvencia probadas en el ejercicio de ese u otros cargos, y en hechos reales y que se puedan discutir? Para todos los cargos privados se exige demostrar previamente la competencia, menos para este, el primero de todos los públicos y el más importante para la sociedad.

Derecho denegado. ¿Dónde la razón y la cordura, necesarias para el ejercicio del control, si los tribunales penales aduciendo razones privadas, impiden analizar conductas públicas anteriores cuestionables? ¿Dónde la libertad electoral, si el Presidente del Tribunal de Elecciones, que debiera defenderla, niega la libertad de votar en blanco o nulo, supremo derecho del elector soberano para rechazar todas las opciones si ninguna le gusta?

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌