Opinión

La legítima defensa: ¿qué es y cuándo se ejerce?

 Cuando el ánimo de defenderse se convierte en venganza, ya no es legítima defensa

En estas épocas con frecuencia la prensa informa sobre hechos donde un ciudadano ha enfrentado –o incluso disparado con un arma de fuego- a un delincuente que asaltaba a una persona, o cometía un robo en una casa de habitación o en un negocio comercial.

En principio cualquiera pensaría que acciones como estas se encuentran plenamente amparadas por el ordenamiento jurídico; no obstante, la ley dispone el cumplimiento de ciertos requisitos que son indispensables para que dichas acciones sean admitidas como una legítima defensa, ya que de lo contrario podría incurrirse en hechos que aunque aparenten estar justificados en realidad no es así.

Hay quienes creen que poseer un arma de fuego –con su respectivo permiso de uso- significa automáticamente tener licencia para disparar ante cualquier circunstancia de peligro para sí o para un tercero, lo cual es un equívoco y debe serse muy cauteloso en todo momento, porque existe una línea divisoria muy tenue entre una acción que está justificada por la ley (no constituye delito) y la que está desamparada (que sí es delito).

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌