Opinión

La gestión interesada

Criterios erróneos y contrarios al derecho público

A raíz de la licitación en trámite para la concesión del aeropuerto Juan Santamaría, se ha planteado en el derecho público costarricense la discusión de si la gestión interesada --modalidad empleada-- es una concesión o no. Esto, por cuanto la anterior Ley de Concesiones --conforme a la cual se inició este proceso-- impedía dar en concesión los aeropuertos, y la actual, emitida a escaso un mes de publicada la licitación, dispone que sí se pueden dar en concesión, pero mediante las reglas y trámites señalados por ella. Esto último obligaba a reconducir el cartel y el trámite, a lo que esta ley señala, lo que no ocurrió.

La Contraloría y la Procuraduría Generales de la República dijeron que la gestión interesada no es una concesión y que, por tanto, la licitación se podía iniciar --pese a la prohibición-- y continuar después dentro de la nueva ley, pese al claro mandato de esta de que solo mediante sus requisitos y trámites podía darse en concesión un aeropuerto. Con el citado argumento de que la gestión interesada no es --supuestamente-- una concesión, se dijo que, mediante licitación regulada por simple reglamento, se podía entregar a un particular en gestión interesada cualquier servicio o bien público. Esto último, y el criterio de que la gestión interesada no es una concesión, son erróneos y contrarios a reglas básicas del derecho público.

Concesión por naturaleza. Porque la gestión interesada, que consiste en conceder la gestión de un servicio público a un particular, para que lo administre mediante una determinada participación en los ingresos, es una concesión por su propia naturaleza, como hasta la palabra lo dice. En la concesión el Estado concede --trasladándola-- una competencia o derecho propio a diferencia del permiso en que simplemente remueve un obstáculo para el ejercicio de un derecho del particular.

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