Opinión

La babel de la pobreza

Urge redireccionar la política social hacia lo sustantivo

Hemos visto en artículos anteriores que en las repúblicas clientelares como la nuestra –a diferencia de aquellas donde funcionan los contrapesos entre poderes, la rendición de cuentas y el control ciudadano– las políticas, en especial las sociales, se subordinan a las relaciones de poder. Esto significa que se orientan, ante todo, a sostener y fortalecer las redes clientelares en vez de dirigirse a la superación de la pobreza, para lo que se crearon.

Será difícil modificar esta situación mientras no existan condiciones para los cambios estructurales; sin embargo, lo preocupante es que las medidas propuestas por los organismos internacionales dirigidas a contrarrestar este estado de cosas, incorporando las comunidades y las poblaciones marginadas a la vida pública, están fallando estrepitosamente. Lo peor es que, en gran parte, este fracaso se produce por problemas técnicos y conceptuales superables con un análisis comparativo de las experiencias.

Tres conceptos básicos. Las ciencias sociales y los organismos internacionales encargados de este costoso "combate a la pobreza" deben dirigir la atención a esta confusión, conceptual y práctica, en los componentes esenciales de sus recomendaciones, entre los que se destacan: organización, participación y capacitación. No obstante la importancia reconocida que tienen para generar "apoderamiento" y participación ciudadana, en la práctica se aplican con diversos significados. Organización, por ejemplo, para algunos es la firma de un acta constitutiva, para otros es haber llevado un curso; haber reunido un grupo; elaborar un organigrama, o que un conjunto de personas haya emitido una declaración de intereses comunes.

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