Opinión

Imperioso deber del Gobierno

Los suscritos, preocupados por la enorme lesión que produce al interés público, así como el irrespeto al estado de derecho, manifestamos lo siguiente en relación con la inaceptable paralización de las obras en el aeropuerto Santamaría.

El contrato de gestión interesada, firmado como resultado de una licitación pública, estipula claramente los presupuestos y las condiciones de excepción para modificar los precios tope pactados, así como las causas válidas de alteración de la ecuación financiera acordada, y de suceder, las formas de remediarla, nada de lo cual ha ocurrido, por lo que ni la propia Alterra las alega como fundamento de sus reclamos.

El contrato reconoce al gestor por gastos de financiamiento un tope de $3,4 millones, pero Alterra pretende $21 millones para incluir otros costos sin ninguna relación, como gastos de preingeniería, abogados, comisiones, impuestos, sueldos, viajes, que son improcedentes. Aunque las inversiones efectuadas en obras suman $37 millones, Alterra contabiliza $83 millones a base de sobreprecios o utilidades encubiertas, pagados a sus subcontratistas encabezados por Bechtel- Edica, que son a la vez sus socios. Y por gastos de operación en los primeros 4 años, Alterra alega $60 millones, cuando el tope cotizado es $23 millones. Con fundamento en el cartel y el contrato, la Contraloría ha declarado ilegal el traspaso a tarifas de gastos no incorporados en la oferta original, porque implican una modificación contractual, y ordenó ajustar las tarifas, lo que no se ha cumplido.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌