Al caer el comunismo, Vaclav Havel dijo que lo más insoportable de ese régimen no era la represión política o la falta de libertades ni la escasez o la corrupción, sino coexistir con la mentira. Porque, para sobrevivir, todos tenían que callar la verdad y fingir que las cosas no eran como todos sabían sino como decía la propaganda. Al final, saturados de falsedad y de simulación, ya no aguantaban más y no solo anhelaban estallar sino que eso se convirtió en el peor de los tormentos.
Ese mismo fenómeno, que hace ver que el espíritu humano en esencia está construido en torno a la verdad, por mucho que lo rodeen y a veces lo avasallen la mentira y la simulación, explica el proceso que ha conducido a las segundas elecciones, que se resolverán en función de él.
Paz y bienestar. Se puede engañar a uno o a muchos durante mucho tiempo, pero no a todos todo el tiempo; solo la verdad conduce a la autenticidad y solo la autenticidad produce la paz y el bienestar espiritual. La verdad al final sale a flote y la mentira termina agarrada en sus trampas. En este caso, hace mucho que los dos partidos tradicionales dejaron de ser partidos y pasaron a ser instrumentos de poder y de provecho personal para quienes los manejan, aunque aparenten lo contrario. Tan cruda verdad, pese a abundante evidencia, tardó en ser aceptada.
El "combo" del ICE terminó de quitarle la careta: un pacto entre los dos partidos para hacer lo que el país no quería, adornado como de costumbre con toda clase de cosas que no eran ciertas. A partir de ahí se evidenció que todo lo demás también era comedia. Que cuanto más se hablase de legalidad y respeto al Estado de derecho, más grande era la ilegalidad; cuanto más de interés por el país, más se le perjudicaba; cuanto más de desarrollo sostenible y ambiente, más se atentaba contra el agua, el aire, la limpieza y el ornato; cuanto más de ahorro y eficiencia, más politiquería y derroche y más colapso en los servicios públicos; cuanto más de excelencia y orden, más mediocridad y caos. Al apreciar la diferencia entre verdad y mentira, todo el discurso terminaba descodificado en su opuesto.
Chorizo ajeno. El pueblo costarricense, cazurro, contemporizador, a quien no le gusta el conflicto no en balde se dice que aquí el respeto al chorizo ajeno es la paz, aguantó la comedia hasta que alcanzó la saturación y le resultó insoportable. Por eso el 3 de febrero prácticamente la mitad de los electores repudiaron a esos dos partidos. A esa cifra llegamos si se suman los votos del PAC, del Libertario y otros partidos menores, al abstencionismo (restándole el porcentaje normal del 15 por ciento), y los votos en blanco y nulos. La votación por las nuevas opciones, en especial el PAC, recogió la rebelión de los grupos mejor informados, menos manipulables, más críticos y más independientes, que se alzaron contra lo insoportable. Porque, no nos engañemos, en esta elección la credibilidad, no las simples palabras, es lo fundamental. Por eso, cuando farisaicamente los dirigentes del PLN manipularon la verdad para fabricar cargos falsos contra Ottón Solís, lograron un impacto momentáneo, suficiente para frenar su crecimiento exponencial, que los hubiera desbancado de la segunda ronda.
Por eso, solo quien otorgue garantías efectivas convencerá en la segunda ronda: debe adquirir un compromiso con las transformaciones sistémicas concretas necesarias para que el sistema político sea a prueba de personas, de modo que se autorregule y purifique, y todo esto no vuelva a pasar; anunciar de previo un gabinete de primera, en el que la autenticidad y la integridad reconocidas corran parejas con la capacidad probada; olvidar los hombres-imagen, los yes-man y los diablos que todos conocen y que ahora aparecen repartiendo escapularios. Solo otorgando prendas muy sólidas obtendrán algún crédito, porque como partidos están en bancarrota. Solo así sus palabras contra la hipocresía y la corrupción alcanzarían algo de condicionada credibilidad.