Capacítese en computación. Todos los cursos 100% con computadora". Así se anuncia un instituto para diferenciarse de otros centros que ofrecen computación sin tener máquinas para practicar. Esto puede resultar chocante para quien conoce de computadoras, pues sabe muy bien que nadie se puede habilitar en el manejo de este instrumento si no entra en contacto con la máquina. No obstante, hay gente que se matricula en cursos de "capacitación" en computación y otra materias que no pasan de ser meras charlas instructivas.
¿Por qué sucede esto? ¿Se trata solo de un caso marginal que ocurre por falta de supervisión del Ministerio? Lamentablemente existe una gran confusión en la aplicación cotidiana de la capacitación. Tal vez, en el área de computación como en otros campos de la técnica y de las ciencias exactas, no sean tan frecuentes estas aberraciones, pero en el campo de las ciencias económicas y sociales es moneda de curso, especialmente en lo referente a organización y gestión. En sicología aplicada, por ejemplo, se habla de capacitación en autoestima cuando frecuentemente, se trata de la toma de conciencia sobre su bajo nivel, que es apenas un primer paso de este proceso. La autoestima solo mantiene su crecimiento cuando se ve reforzada por los resultados alcanzados. Esta confusión de capacitación con instrucción es muy grave pues afecta la ejecución y los resultados de costosos programas de desarrollo.
Capacitarse es habilitarse para una profesión, función o actividad. Esto solo se puede lograr cuando la persona se enfrenta a la práctica; cuando aprende haciendo. Por ejemplo, para el buen desempeño laboral y social, esta confusión impide la habilitación necesaria. En el mejor de los casos, que no siempre son los más numerosos, se alcanza un nivel de instrucción que puede servir de base para la capacitación, pero que en sí mismo no capacita pues carece de práctica.
La falta de autonomía y de práctica, en general, provoca el fracaso de muchos procesos promocionales o disminuye considerablemente sus alcances. Esto es grave cuando se pretende "capacitar" grupos o comunidades en organización y gestión con conferencias y charlas sobre los derechos humanos y leyes, sin permitir o facilitar la toma de decisiones por parte de la comunidad. O a la inversa, cuando se abre un espacio de participación pero no se aporta simultáneamente la instrucción y capacitación básicas, ni se gesta una estructura institucional de soporte. En el primer caso, si la instrucción es buena, la gente puede desarrollar motivación para hacer las cosas pero, como no recibe adiestramiento práctico, no está capacitada y los problemas que enfrenta la pueden desalentar y alejarla de la participación. En el segundo caso, como el de las políticas de descentralización que transfieren nuevos recursos a las municipalidades, no se reformaron las leyes electorales para poder elegir a medio período, ni poder destituir en caso de incumplimiento. Esto es aprovechado por los testaferros locales, especialmente ahí donde no hay cultura cívica, para usurpar de hecho la soberanía de la comunidad o región.
La confusión de instrucción con capacitación en el campo social y económico no es solo un problema teórico sino que tiene importantes implicaciones sociales y políticas. La autonomía de los individuos, requisito indispensable para la capacitación en organización y gestión, atenta contra las relaciones de dominio y manipulación clientelistas. De ahí que se priorice, por parte de los políticos, con tanta facilidad el asistencialismo sobre la promoción inhibiéndose los procesos de capacitación en organización y gestión. De hecho, en nuestro país desde la década pasada se han venido ampliando los programas asistenciales a costa de la inversión social.
El clientelismo altera los procesos de adiestramiento, buscando generar y profundizar lealtades. Una vez alterado el proceso de capacitación, a lo que contribuye el manejo impreciso del concepto de capacitación, se limita seriamente el objetivo de producir organizaciones creativas capaces de emprender vuelo por sí mismas. Al no generarse organizaciones autónomas tampoco se dan las condiciones cívicas para transformar la estructura institucional ya que esto último requiere de una cantidad mínima de organizaciones eficientes. Se trata de un verdadero círculo vicioso cuya ruptura es imprescindible para que las políticas de regionalización y de construcción de una nueva democracia puedan alcanzarse.