Dijo el titular del MEP que encontró un gran desorden en ese ministerio. No es sorpresa. Aún ahora, errores en el sistema informático provocaron que 54.000 funcionarios del MEP recibieran el salario sin el aumento correspondiente a julio y agosto (La Nación, 28/8/03).
Escribió don Ronulfo Jiménez (La Nación, 31/8/03), asesor del equipo económico, que la cobertura de la educación secundaria este año es del 68,8 por ciento, o sea, casi un tercio de nuestros jóvenes no va al colegio. Es un aumento módico, a pesar de la incidencia negativa que las crisis fiscales, los programas de ajuste estructural y, en especial, la subvaloración de las consecuencias que genera no invertir en la formación del capital humano tuvieron sobre la extensión de la cobertura y calidad educativas. Un último ejemplo que reitera esa tendencia fue el intento de eliminar los 200 días para evitar el desembolso.
Informó la prensa (La Nación, 28/8/03) que “los aspirantes a educador no dan la talla” y que “la preparación que tienen los educadores que concursan por una plaza en propiedad, no siempre coincide con las exigencias del MEP”. Agregamos que, en el otorgamiento de plazas, con mucha frecuencia, el compromiso político desplaza los criterios académicos y técnicos.
Grandes deficiencias. Detectó la última Olimpíada Matemática Costarricense para la Educación Primaria que hasta los niños con mayores conocimientos matemáticos muestran grandes deficiencias en esa disciplina. Súmense a ello los numerosos estudios, como el Informe n.° 5 del MEP/BID/BIRF de 1994, que señalan las deficiencias de los estudiantes provenientes de la educación pública que ingresan a la universidad: sin hábitos de lectura, con problemas de redacción y ortografía, incapaces de extraer las ideas principales de un texto, pobres en razonamiento matemático, poco críticos, reflexivos y pensantes y con dificultad para tomar decisiones.
Empleó el MEP ¢90 millones en la elaboración de nuevos planes y programas. Se escucha ahora que una comisión del MEP revisa o ajusta, de nuevo, los planes y programas vigentes, lo que significa un nuevo cambio.
En resumen: (a) el desorden acumulado en el MEP es confirmado por hechos recientes; (b) la inversión en educación que realiza el Estado costarricense es inferior a la de otros países que han asumido, con seriedad, el reto de desarrollar su capital humano; (c) la educación costarricense no solo ha fallado en la instrucción, sino en la formación de los estudiantes. El nivel de preparación de los graduados es bajo; se ejercita parcialmente la memoria, pero el cultivo y la práctica de procesos mentales como comprensión, aplicación, análisis, síntesis y la toma de decisiones ante situaciones nuevas (evaluación) están ausentes de nuestro sistema educativo. Si el desarrollo de habilidades y destrezas es pobre, la transmisión de valores éticos y morales es casi nula; (d) la preparación de los educadores, con excepciones, no es la más adecuada. No hay un plan sistemático de capacitación ni de coordinación con las universidades que los forman.
Exigencia de crecimiento. ¿Cuáles son las medidas inmediatas o a muy corto plazo para corregir o mitigar el desastre educativo que revelan los hechos expuestos? Aparte del daño en lo humano, nos dicen los economistas que el crecimiento económico exige aumento sostenido de la productividad, pero ese aumento en la producción de bienes, servicios y riqueza solo puede sustentarse en el uso sistemático del conocimiento científico-tecnológico disponible y en una política social que garantice el acceso de la población, entre otras cosas, a un sistema educativo excelente.
Si el discurso político acompaña la acción, respetuosamente preguntamos: ¿cuál será la política educativa de este gobierno? ¿Qué piensa hacer el MEP para ampliar la cobertura de la educación primaria y secundaria? ¿Cómo piensa mejorar el desarrollo mental de los estudiantes costarricenses y capacitar a los educadores? Sería muy grave que se decretara, a priori, que nuestros niños y jóvenes, así como sus maestros, solo pueden medio memorizar y quizás medio comprender, pero no estudiar y pensar a niveles más altos que la simple memorización. La falta de oportunidad no implica incapacidad, y con los retos derivados de la globalización y la competitividad que enfrenta el país, las prioridades deben ser claramente establecidas, las responsabilidades definidas y las acciones ejecutadas. No se puede trasladar la responsabilidad a un nuevo gobierno porque se está arriesgando el futuro.
Jorge Guardia, Eugenia Flores, Juan José Sobrado, Miguel Sobrado, Víctor Buján, Joyce Zürcher, Javier Solís.