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Yo no celebro el fallo de la Corte

Si usted no es gay y el criterio de la Corte ni le va ni le viene, siga adelante con su vida: viva y deje vivir.

09/01/2018. Fuente de la Hispanidad, San Pedro de Montes de Oca. Miembros de la comunidad LGBTI celebran en la Fuente de la Hispanidad, ubicada en San Pedro de Montes de Oca, el hecho de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIHD) ordenara este martes al gobierno de Costa Rica reconocer a la comunidad gay todos los derechos existentes en la legislación, incluyendo el derecho al matrimonio.
Fotos: Mayela López
09/01/2018. Fuente de la Hispanidad, San Pedro de Montes de Oca. Miembros de la comunidad LGBTI celebran en la Fuente de la Hispanidad, ubicada en San Pedro de Montes de Oca, el hecho de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIHD) ordenara este martes al gobierno de Costa Rica reconocer a la comunidad gay todos los derechos existentes en la legislación, incluyendo el derecho al matrimonio. Fotos: Mayela López Mayela López

El título no obedece a un sentimiento de homofobia, intolerancia o discriminación, sino a una profunda decepción por la forma como tuvo que resolverse un asunto que, desde hace años, hubiera opinión consultiva o no, debió haber sido dirimido sin tanto odio ni veneno de por medio.

No sé ustedes, pero cuando me enteré de la notificación de la Corte Interamericana, me sentí como chiquito regañado. Debió venir un órgano hemisférico judicial a recordarnos la existencia de algo llamado derechos humanos que se deben respetar. El hijo rebelde se olvidó de lo firmado en 1969 y el papá mandón interviene para poner orden en la casa e instarnos a emular el ejemplo de otros hermanos que sí han sido obedientes y respetuosos con las preferencias de sus semejantes (Colombia, Argentina, Brasil, Uruguay y México).

Imagino a los jueces, con una sonrisa lastimera, redactando una opinión sobre una materia superada en más de 20 países y que aquí, entre cavernas y taparrabos, seguimos discutiendo, como si el amor fuera un bien de consumo sujeto al escrutinio y la regulación públicos. ¡Cómo nos cuesta!

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