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Un teatro para todos los sentidos

De lunes a viernes, desde hace 30 años, paso frente al Teatro Nacional, que se encuentra ahí desde 1891. Sin embargo, el recorrido desde mi casa fue especial el domingo 26 de octubre, porque entré a conocerlo por primera vez. Había ido a espectáculos, había disfrutado estar en él, pero la diferencia de la invitación esta vez fue muy grande: el objetivo era conocer a plenitud ese templo del arte.

Como parte de las actividades de aniversario, alguien tuvo la buena idea de hacer una visita guiada. Se hicieron grupos entre los interesados. A mi cita también asistieron Francisco Rodríguez y Manuel Mejía. Éramos tres personas dispuestas a disfrutar del recorrido diseñado para nosotros. Raquel Barrantes, historiadora del arte, nos mostró el camino del redescubrimiento con sabiduría de palabras y con estímulos a varios sentidos que completaron nuestra experiencia.

En una sala especialmente dispuesta, junto a la cafetería, Raquel y un colega hicieron desfilar bajo nuestras manos reproducciones a escala en madera. Así pude disfrutar de la fachada del teatro, de las ventanas, del logotipo –muy hermoso, por cierto–, de diversas obras que hablan con su forma, como la Danza, la Fama y la Música, de la evocación al teatro, con la escultura de Pedro Calderón de la Barca, y de la música, con la de Ludwig Van Beethoven, cuyo genio escuchábamos mientras recorríamos su escultura.

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