Cuando a una persona se le practica un examen de sangre o espera el resultado de una prueba médica, pocas veces piensa en todo lo que ocurre detrás de ese documento. Sin embargo, un resultado de laboratorio puede marcar la diferencia entre detectar una enfermedad a tiempo, elegir un tratamiento adecuado o identificar una amenaza para la salud pública.
Este mes, el Colegio de Microbiólogos y Químicos Clínicos conmemora 77 años de historia. Su aniversario es una oportunidad para recordar por qué el país necesita instituciones que velen por la calidad, la responsabilidad profesional y la seguridad en los servicios de diagnóstico.
En 1949, el Decreto-Ley N.º 771 dio vida jurídica al Colegio, antes incluso de que existiera la carrera universitaria que formaría a estos profesionales en el país. La Facultad de Microbiología de la Universidad de Costa Rica se estableció hasta 1956. Primero, se reconoció la necesidad de garantizar la responsabilidad sobre los análisis; después, se consolidó la formación académica nacional para responder a ella.
Detrás de esa decisión había un principio que sigue vigente: cada resultado importa, porque detrás de él hay una persona. Un médico que debe definir un tratamiento, una familia que espera un diagnóstico o un paciente que necesita una transfusión segura.
Una labor silenciosa que protege vidas
Desde 1990, cada recién nacido en Costa Rica pasa por un tamizaje que permite detectar oportunamente determinadas enfermedades. Asimismo, cada donación de sangre debe someterse a análisis para verificar su seguridad antes de llegar a quien la necesita. A esto se suma la fiscalización presencial que el Colegio realiza en más de 700 laboratorios clínicos del territorio nacional.
La importancia de esta capacidad quedó especialmente clara durante la pandemia de covid-19. El 6 de marzo de 2020, un laboratorio público costarricense confirmó el primer caso de la enfermedad en Centroamérica. El país contaba con capacidad de diagnóstico molecular instalada, y los laboratorios públicos y privados contribuyeron a sostener la respuesta diagnóstica durante la emergencia.
Esa infraestructura científica continúa siendo fundamental para vigilar enfermedades y detectar amenazas. Según el portal ARBO, de la Organización Panamericana de la Salud, Costa Rica aumentó la proporción de casos de dengue confirmados por laboratorio: mientras que entre 2014 y 2024 esta se mantuvo por debajo del 10%, al cierre de ese periodo alcanzó el 68%, frente al 16% registrado en el conjunto del Istmo centroamericano. Además, en 2025 el país confirmó un caso de fiebre amarilla, el primero desde 1953, y volvió a registrar casos de chikunguña con confirmación de laboratorio después de más de cuatro años sin reportarlos.
Estos avances demuestran que contar con laboratorios preparados y profesionales capacitados es parte de la capacidad de un país para conocer lo que ocurre con la salud de su población y tomar decisiones oportunas.
Hoy, la microbiología y la química clínica van más allá del laboratorio tradicional. Sus profesionales participan en diagnóstico molecular, reproducción humana asistida, manejo de células y tejidos, biotecnología y en la industria de dispositivos médicos y reactivos de diagnóstico, un sector relevante para la economía costarricense.
La automatización y la inteligencia artificial transforman los procedimientos, pero la tecnología no elimina la necesidad de establecer responsabilidades claras sobre la calidad de los resultados.
Por eso, el Colegio impulsa una reforma de su Reglamento del Estatuto, cuya normativa vigente data de 1992. La propuesta busca actualizar las reglas para responder a la realidad de la profesión hoy, reforzar la responsabilidad personal e indelegable del profesional sobre los resultados, incluso cuando intervienen sistemas automatizados, y reconocer ámbitos de ejercicio que han evolucionado con la ciencia.
También es necesario proteger el acceso a servicios confiables. La presión por reducir el costo de los exámenes a cualquier precio puede comprometer la sostenibilidad de laboratorios pequeños y regionales, que brindan acceso cercano a servicios diagnósticos a muchas comunidades fuera del Valle Central.
La discusión actual sobre el papel de los colegios profesionales exige demostrar su valor con hechos, transparencia y capacidad de adaptación. La respuesta no está en aferrarse al pasado, sino en fortalecer aquello que beneficia a la sociedad y actualizar lo que ya no responde a las necesidades del presente.
La pregunta que dio sentido a la creación del Colegio sigue vigente: ¿quién responde por un resultado del que depende la salud de una persona?
La respuesta requiere profesionales preparados, normas actualizadas, laboratorios con condiciones adecuadas y una institución capaz de velar por el cumplimiento de sus responsabilidades.
Ese es el verdadero significado de este aniversario: reconocer el valor de una labor que, aunque muchas veces ocurre lejos de la vista del público, está presente en la salud y la vida cotidiana de Costa Rica.
juntadirectiva@microbiologos.cr
Juan Carlos Villalobos Ugalde es el presidente de la Junta Directiva del Colegio de Microbiólogos y Químicos Clínicos de Costa Rica.