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Todo el peso de la ley para los demás

La verdadera cultura de respeto a la autoridad se demuestra cuando aceptamos la norma incluso si esta vez somos nosotros quienes la incumplimos

Oficial de la Policía de Tránsito en Costa Rica verifica documentos de un conductor detenido en un operativo de control en carretera.
El oficial de Tránsito no debería escoger a quién aplica la ley según simpatías, influencias o supuestas buenas intenciones.

Desde la experiencia policial, se observa una contradicción frecuente. Cuando un conductor ebrio provoca una tragedia, alguien adelanta en una curva o circula a velocidad excesiva, exigimos leyes más fuertes, multas más altas y autoridades implacables. Sin embargo, esa firmeza pierde atractivo cuando la señal de alto es para nosotros.

Entonces aparecen las circunstancias particulares. El exceso de velocidad fue pequeño, la llamada era urgente, el estacionamiento duró pocos minutos o se trataba de la primera infracción. También llegan las solicitudes de consideración y el reclamo de que el policía debería ocuparse de conductas más graves.

No hace falta incursionar en explicaciones sociológicas o psicológicas para reconocer algo que quienes han trabajado en carretera conocen bien. Muchas personas apoyan una autoridad rigurosa mientras imaginan que esa rigurosidad recaerá únicamente sobre otros.

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