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Tergiversaciones que pervierten el debate público

Pocos titulares han sido tan escandalosos y peligrosos como la afirmación de que 14.000 niños palestinos han muerto en Gaza

Esta imagen, tomada desde el oeste de Jabalia, en el centro de la Franja de Gaza, muestra columnas de humo elevándose tras el bombardeo israelí en Beit Lahia el 9 de julio. Fotografía:
Esta imagen, tomada desde el oeste de Jabalia, en el centro de la Franja de Gaza, muestra columnas de humo elevándose tras el bombardeo israelí en Beit Lahia el 9 de julio. Fotografía: BASHAR TALEB

En semanas recientes se han publicado en los medios una serie de titulares como los siguientes: “Cómo la desinformación alimenta el conflicto en Gaza”, “La guerra de las cifras: verdad, propaganda y la crisis en Gaza”, “Entre la compasión y la mentira: la manipulación del dolor infantil”, “Cuando los números mienten: el uso político del sufrimiento en Gaza”, “Una sola muerte ya en sí misma es una tragedia”, “Narrativas tóxicas: el papel de los medios y la ONU en la demonización de Israel en el campo de batalla de la opinión pública”, “Las cifras matan más que las balas”.

Pero pocos han sido tan escandalosos y peligrosos como la afirmación de que 14.000 niños palestinos han muerto en Gaza. Esta cifra, repetida hasta el hartazgo por medios, activistas y políticos, no es un hecho verificado por Naciones Unidas, aunque así se haya presentado. Es una proyección matemática basada en estimaciones del Ministerio de Salud de Gaza, que está controlado por Hamás, y no en un conteo forense ni de datos individualizados. La lógica es simple –y profundamente irresponsable–: si se reportan 35.000 muertos y se asume que el 40% son niños, entonces se infiere que han muerto 14.000.

Así, un cálculo especulativo se convierte en un mantra mundial. El problema es que nadie se detuvo a verificarlo, y muchas organizaciones, incluyendo dependencias de la ONU, lo permitieron con un silencio cómplice. Pero la distorsión no termina ahí. El jefe de OCHA en los territorios palestinos, Tom Fether, fue más allá al declarar en una entrevista con la BBC que 14.000 bebés morirían de hambre en 48 horas si no se intervenía de inmediato. Esta frase, emocionalmente devastadora, se diseminó en redes y medios como si fuese un hecho consumado, sin evidencia ni contexto.

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