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‘Soy docente, pero no me gusta leer’

Hace unos años, me retiré de las aulas y comencé a desempeñarme como asesora pedagógica. Una de mis principales funciones es compartir talleres sobre literatura para primaria y secundaria con docentes de todo el país. Disfruto al máximo estos encuentros que representan para mí uno de los mayores placeres en la vida porque la literatura es mi área de estudio favorita.

Cuando comencé a visitar estos grupos de docentes de primaria, dentro de la dinámica del taller de lectura, les pedí lo siguiente: “ Mencionen un libro que ustedes hayan tenido en sus manos y que no hayan podido parar de leerlo hasta devorarlo…”. Mi confianza era enorme y esperaba respuestas muy variadas; sin embargo, esas contestaciones nunca llegaron y, en cambio, obtuve réplicas como las siguientes:

1. Silencio absoluto.

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