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Sobre ‘El Tartufo’, los diamantes, los sapos y culebras… y la crema de rosas

De Molière a Perrault, la literatura francesa ofrece una antigua lección que sigue vigente: las palabras revelan quiénes somos

Serpientes saliendo la boca de persona
Serpientes saliendo la boca de persona Shutterstock
Serpientes saliendo la boca de persona
Las palabras pueden convertirse en flores y diamantes, pero también en culebras y sapos cuando se usan para insultar. (Shutterstock/Ilustración)

El Gran Siglo Francés, el siglo XVII, con la corte del rey Luis XIV, el Rey Sol, gozó de dos grandes escritores y pensadores: Molière y Charles Perrault. El uno, dedicado a la comedia y la sátira social; el otro, a los cuentos de hadas y la poesía académica.

En la comedia El Tartufo (1664), Molière crea un personaje engalanado con maneras piadosas, lenguaje afectado e intención abyecta, cuyo artífice es el arte de engañar. Tartufo, el hipócrita, el histriónico farsante, atiza la ira de quienes perciben su verdadero yo. Una, como lectora, goza y llora al unísono. Goza por los trazos ridículos del personaje e incluso por los imprevistos y las confabulaciones circunstanciales; llora porque Tartufos existen en nuestro escenario real y contemporáneo.

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