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Rico McPato y su peluquín

Los fabricantes de mitos contra los latinos han inventado otro tipode imágenes

Rico McPato y su peluquín
Rico McPato y su peluquín
Rico McPato y su peluquín

El centro de atracciones Luna Park se abrió en Coney Island en 1895, y en sus teatros se presentaban toda clase de espectáculos en vivo, raíz de las posteriores superproducciones de Hollywood cuando llegó la era del cine: en El tornado del siglo , por ejemplo, un pueblo de Kansas volaba por los aires, casas, animales de labranza y gente. En La grieta fatal, un torrente de montaña caía sobre un apacible pueblo minero y hombres, mujeres y niños eran arrastrados en medio de los restos de las casas destruidas por la fuerza del agua. Y en La batalla del siglo se podía ser testigo de la caída de Adrianápolis, representada con sus palacios de cúpulas azules y doradas y mezquitas de altos minaretes, mientras los invasores bombardeaban la ciudad y asediaban la fortaleza hasta que la guarnición turca se rendía.

Pero la atracción más celebrada era La cacería humana. Trescientos jinetes, hombres y mujeres, aparecían al galope por la pradera, montados en caballos de verdad, persiguiendo entre disparos de armas de fuego y gritos de muerte a un roto mexicano, de guaraches y sombrero, que huía desesperado por delante de la cabalgata, dando traspiés. Por fin le daban caza lazándolo, lo arrastraban hasta una pila de leña, lo amarraban a un poste y lo hacían arder en la hoguera. El tiquete de entrada costaba 25 centavos de dólar, los niños media paga.

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