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Que paguen los culpables, no los clubes

Una cosa es castigar a los responsables de presuntos manejos financieros irregulares y otra muy distinta es destruir una institución deportiva con décadas de historia, tradición y arraigo popular

Fotografías conceptuales de fútbol
¿Por qué, cuando los dirigentes de una institución deportiva incurren en graves irregularidades, la consecuencia debe ser prácticamente la desaparición de la institución misma? Rafael Pacheco Granados

En el periódico La Nación del jueves 8 de octubre, el exministro de Educación don Leonardo Garnier escribió, en su columna “Subversiones”, un interesante artículo sobre los problemas que el dinero de los dueños de equipos de fútbol ha generado en instituciones como el Manchester City, bajo la administración de la dinastía de los Emiratos Árabes; el Paris Saint-Germain, administrado por la familia real de Qatar, y el Newcastle, vinculado con Arabia Saudita, entre otros casos.

A propósito de ese artículo, he reflexionado sobre los recientes casos del fútbol costarricense relacionados con presuntos manejos financieros irregulares. Esto nos obliga a plantearnos una pregunta fundamental: ¿por qué, cuando los dirigentes de una institución deportiva incurren en graves irregularidades, la consecuencia debe ser prácticamente la desaparición de la institución misma?

Si se comprueba que determinados dirigentes han utilizado sus cargos para introducir dinero de origen ilícito o incurrir en otras conductas ilegales, deben responder ante la justicia y recibir las sanciones correspondientes. Quienes resulten responsables deberían ser expulsados del fútbol y, cuando la normativa lo permita, inhabilitados de por vida para ejercer cargos dirigenciales.

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