El cambio climático es uno de los mayores desafíos del mundo actual. La huella de carbono mide los gases de efecto invernadero que la actividad humana emite a la atmósfera, y aunque abundan las iniciativas dirigidas a lograr la carbono-neutralidad, muchas carecen de credibilidad o de una estrategia real que armonice rentabilidad y sostenibilidad.
El problema de fondo es que algunas organizaciones persiguen solo el resultado financiero, sin adoptar prácticas que faciliten una transición sostenible y competitiva.
Todo liderazgo se mide en la calidad de sus decisiones. Decidir es determinar una acción según la situación que se enfrenta, y cada vez más organizaciones se apoyan para esa tarea en la tecnología, particularmente en la inteligencia artificial.
A la vez, el aprendizaje continuo abre paso a la economía circular, un marco de soluciones sistémicas que impulsa el desarrollo económico mientras enfrenta desde la raíz desafíos como el cambio climático, generando valor estratégico con impacto positivo para la empresa. De ahí la importancia de que las organizaciones alineen su gestión con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La ventaja competitiva que nace de la innovación y la economía circular ya es tangible: promueve energías renovables, genera empleo digno y reduce la huella ecológica. Una cooperativa cafetalera costarricense es un buen ejemplo: reconocida como la primera industria cafetalera certificada carbono neutro del mundo. El siguiente paso puede ser aún más prometedor: sumar blockchain para trazar y fortalecer la cadena de valor, una oportunidad al alcance de la mano para llevar ese liderazgo todavía más lejos.
Según la ONU, el avance de los ODS sigue siendo lento, y las áreas más críticas continúan siendo el cambio climático, la pobreza, la desigualdad y la seguridad alimentaria. Innovar no basta si no va acompañado de un liderazgo capaz de sostener el proceso.
La inteligencia artificial, cuyo origen intelectual se remonta al test de Turing de 1950, es hoy una herramienta que, bien canalizada y con criterio ético, puede generar un impacto genuinamente positivo en la gestión empresarial. No es casualidad que empresas de reconocimiento mundial hayan incrementado su valor apostando por estrategias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) alineadas con los ODS.
La historia reciente también ofrece advertencias. Grandes corporaciones internacionales han enfrentado fraudes contables, daños ambientales derivados de escándalos de emisiones y fallas graves en la protección de datos de sus usuarios, lo que muestra lo que ocurre cuando una organización descuida los principios que dice defender. Son recordatorios de que la sostenibilidad no puede ser un discurso: exige coherencia entre lo que se declara y lo que se hace.
La conclusión es clara: la sostenibilidad organizacional y la economía circular, apoyadas en tecnología, consolidan una ventaja competitiva que genera valor económico y ambiental a la vez, en sintonía con los principios ESG y los ODS.
El reto para las empresas costarricenses y para sus líderes es ampliar la cadena de valor con herramientas como blockchain, profundizar la circularidad y convertir la sostenibilidad en una fuente permanente de innovación, y no en una casilla más por marcar.
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Mariela Silvana Porras Barrantes es administradora de empresas y profesora universitaria.