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¿Por qué debería importarme el mapamundi?

Si medimos mal el planeta, calculamos mal el impacto del cambio climático, la distribución de vacunas y la logística del comercio internacional

Mapa antiguo del mundo en proyección de Mercator, con las principales rutas comerciales, publicado en Londres a mediados del siglo XIX.
Mapa antiguo del mundo en proyección de Mercator, con las principales rutas comerciales, publicado en Londres a mediados del siglo XIX. Shutterstock
Mapa antiguo del mundo en proyección de Mercator, con las principales rutas comerciales, publicado en Londres a mediados del siglo XIX.
Mapa antiguo del mundo en proyección de Mercator, con las principales rutas comerciales, publicado en Londres a mediados del siglo XIX. (Shutterstock/Imagen)

“¿Por qué debería importarme a mí el mapamundi?”. Esta es una pregunta que muchos se han hecho tras la resolución de la ONU del pasado 4 de setiembre. Esta fue impulsada por la campaña Correct The Map, liderada por el canciller Robert Dussey, de Togo, en representación de la Unión Africana.

El mapa tradicional, conocido como “mapa Mercator”, ha sido el estándar desde el siglo XVI. Pero siempre ha recibido fuertes críticas por su sesgo eurocéntrico: reduce visualmente continentes enteros como África de manera desproporcionada (mostrándolo casi del mismo tamaño que Groenlandia, cuando en realidad es 14 veces mayor). La propia resolución de la ONU señala que estas distorsiones cartográficas “han contribuido a percepciones erróneas, dando lugar a una minimización simbólica del sur global en el imaginario colectivo”.

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