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No queremos héroes de la pobreza: el peligro de enaltecer la escasez

Una sociedad justa no es aquella que aplaude de pie la capacidad de sus ciudadanos para sobrevivir al desamparo; es aquella que diseña sus políticas públicas para que sobrevivir deje de ser una hazaña

Los recortes que afectan programas sociales esenciales, como los comedores escolares y las pensiones del Régimen No Contributivo, acentuarán las condiciones de pobreza en que viven muchas familias del país.
Los recortes que afectan programas sociales esenciales, como los comedores escolares y las pensiones del Régimen No Contributivo, acentuarán las condiciones de pobreza en que viven muchas familias del país. Mayela López

Hay fotografías que no deberían conmovernos hasta las lágrimas; deberían provocarnos indignación. No porque las personas que aparecen en ellas no merezcan admiración, sino precisamente porque merecen algo más. Merecen respeto por su dignidad y por su capacidad de seguir adelante en circunstancias insoportables. Lo que no deberíamos admirar es a la sociedad que las obliga a hacerlo.

Un hombre de 85 años que continúa laborando por necesidad, una madre que multiplica sus jornadas para alimentar a sus hijos y un niño que camina kilómetros bajo la lluvia para llegar a las aulas pueden ser llamados “ejemplos de vida” por el discurso oficial. O podemos llamarlos por su verdadero nombre: síntomas de un país que está fallando.

Esta reflexión, inspirada originalmente en una lúcida publicación de Gabriela Chacón Arias en su muro de Facebook, nos obliga a denunciar cómo el discurso político formal recurre al dolor colectivo. El poder lo maquilla de “resiliencia y mérito” para que no huela a abandono, planteando la pregunta incómoda que suele quedar fuera de la fotografía en la Costa Rica actual: ¿por qué esas personas tienen que sobrevivir en tales condiciones?

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