El periódico La Nación celebra 80 años de informar en forma sistemática a la población costarricense; 80 años de poner temas en la agenda pública y de denunciar actos de corrupción que, en muchos casos, terminaron en destituciones, juicios y cárcel.
Como periodista y salubrista, me interesa destacar el papel protagónico que ha jugado este medio de comunicación colectiva en la promoción de la salud pública de la población costarricense.
En salud, siempre decimos que no hay salud sin comunicación y que la comunicación es, para la salud, como el aire para la vida, porque ningún llamado a la población para que adopte determinadas medidas funciona sin una adecuada estrategia de comunicación.
Esta misión la tuvo siempre muy clara La Nación, especialmente cuando la salud pública de la población se vio amenazada por la reintroducción o introducción de enfermedades como el cólera, el dengue, el H1N1 y, ni que decir, de la covid-19, cuando se requirieron movilizaciones masivas de protección.

Cuando el cólera empezó a causar estragos en Perú y otros países latinoamericanos, allá por 1992, La Nación, responsablemente, con gran espíritu de servicio, publicó a diario, en el extremo inferior de sus páginas, diversas recomendaciones para que la población adquiriera el conocimiento básico para controlar la expansión del agente causal de la enfermedad: el Vibrio cholerae.
Recuerdo los pequeños consejos que se ofrecían con base en información emanada de connotados profesionales e investigadores costarricenses y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Inolvidables fueron, por ejemplo, las recomendaciones sobre cómo desinfectar hortalizas, verduras y frutas, tablas de picar, la conveniencia de usar tablas plásticas y no de madera, y las técnicas correctas de lavado de manos, especialmente después de acudir al servicio sanitario o cambiar pañales.
No puedo dejar de mencionar los esfuerzos periódicos que se realizaron en 1993, cuando se reintrodujo el dengue en el territorio nacional, después de casi 30 años de ausencia. En aquella oportunidad, se realizó un gran esfuerzo periodístico por informar a la población sobre las características de esa enfermedad y la responsabilidad individual y colectiva que tenía cada familia, cada barrio, cada localidad, de cortar la transmisión de esa enfermedad infecciosa mediante la eliminación de aguas estancadas que facilitan la reproducción del vector que transmite el virus: el mosquito Aedes aegypti.
Pero la misión periodística no terminó allí. En 1994, la OPS alertó sobre la presencia de casos de sarampión en distintos países del continente y las autoridades sanitarias recomendaron una vacunación masiva, en virtud del cúmulo de población susceptible detectada.
Fueron muchos los llamados y las instrucciones de protección que se dieron a través de sus páginas, con la finalidad de que la inmunización llegara al público objetivo: niños y jóvenes hasta los 15 años de edad. Si bien el aporte de La Nación no fue suficiente, sí fue necesario para alcanzar una cobertura cercana al 97%.
Recordemos las denuncias que otrora realizó La Nación en varias entregas sobre la escasa uniformidad existente en el territorio nacional para la realización y lectura de las pruebas de detección precoz del cáncer cérvico uterino, conocida como Papanicolaou.
Si bien no podemos ser tan jactanciosos de decir que aquellas denuncias fueron la fórmula para que el país enmendara el abordaje de las citologías vaginales, sí podemos afirmar que contribuyeron a evidenciar un problema que, a la postre, se corrigió y culminó con la creación del Laboratorio Nacional de Citologías y se adquiriera mayor experiencia en su manejo. Con el tiempo, la incidencia y la mortalidad de ese tumor maligno bajaron considerablemente en el territorio nacional.
Los picos de infecciones respiratorias agudas producidos por el virus sincitial respiratorio y los de diarrea causada principalmente por el rotavirus también fueron temas periodísticos que se abordaron mediante consejos para las familias, con la finalidad de cortar la transmisión ano-mano-boca.
Vale mencionar el papel protagónico que jugó este periódico en información relacionada con la epidemia del H1N1 a finales de la década del 2000, y un apartado especial merece la cobertura de información variada mediante la cual se abordó la pandemia de covid-19 a partir de marzo del 2020.
En aquella ocasión, desde diferentes ángulos y durante dos años consecutivos, un día sí y otro también, se publicó información de servicio que se utilizó para movilizar a la población hacia diferentes puestos de vacunación, insistir en las medidas de protección emanadas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), del Ministerio de Salud y de organismos internacionales.
Adicionalmente, se denunciaron casos de incumplimiento y se mostraron con claridad los problemas estructurales, las desigualdades sociales y los determinantes de la salud que complicaron el abordaje de la enfermedad, como la pobreza, los problemas de vivienda, el desempleo, entre otros.
En fin, este recuento señala que la responsabilidad de un medio va más allá de informar. Su propósito es acompañar a la población para que adopte prácticas de vida cada vez más saludables, y La Nación lo ha hecho y lo ha hecho muy bien. Quizá ese aporte sea un grano de arena más para que Costa Rica tenga los índices sanitarios que hoy posee.
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María Isabel Solís R. es periodista y salubrista.
