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Las enseñanzas de la reciente flotación cambiaria

En febrero y marzo de este año observamos un episodio de flotación cambiaria. Hacia finales de enero el tipo de cambio rondaba los ¢515, lo que podía considerarse, en esos días, un valor normal. Sin embargo, comenzando el 3 de febrero, la dinámica de Monex comenzó a generar niveles cada vez más elevados del tipo de cambio, hasta llegar al 11 de marzo a un máximo de ¢569 colones. En cinco semanas y un par de días, experimentamos una devaluación del 10%, respecto al nivel del 31 de enero. Luego de esa fecha, el aumento del tipo de cambio se detuvo. Pero, si ponemos tal devaluación en una base anual, para efectos de análisis, observamos que la fluctuación de dichas cinco semanas equivalía a una devaluación anual de aproximadamente el 160%. Eso fue el incremento cambiario más alto en los últimos 34 años.

¿Se puede explicar la flotación? La situación estructural de la Balanza de Pagos no explica la flotación de los últimos meses. El movimiento normal de entradas y salidas de dólares genera un superávit estructural, que nos ha permitido aumentar el nivel de reservas del Banco Central, en los últimos años. Hoy las reservas se encuentran en un nivel cercano a los $7.000 millones, con posibilidades de lograr en pocos meses un incremento de unos $1.000 millones o más.

Por otra parte, las compras estatales de dólares no son la explicación de la flotación, ya que el nivel de esas operaciones se mantiene en un rango normal y este no se asocia con los “picos” del tipo de cambio. Los movimientos del capital financiero, conocido como capital golondrina, no tienen el tamaño suficiente como para ser la explicación de este fenómeno. Igualmente, no hay evidencia estadística de posibles movimientos que hayan desequilibrado el mercado cambiario.

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