En Costa Rica, antes de 1941, la atención médica de la colectividad era un asunto que en gran parte dependía de la caridad propia del espíritu cristiano que llegó con la colonización.
Ochenta y cinco años después, en el corazón de la historia costarricense late una institución que transformó, transforma y transformará el destino de millones de vidas: la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Recordar sus orígenes no es solo un ejercicio de memoria histórica, sino un acto de responsabilidad cívica y de profunda gratitud hacia una de las columnas vertebrales de nuestra identidad, estabilidad nacional, paz social y bienestar común.
La historia del Seguro Social en Costa Rica se comenzó a escribir a inicios de la década de 1940, impulsada por el pensamiento del doctor Guillermo Padilla Castro y respaldada con firmeza por el presidente de la época, doctor Rafael Ángel Calderón Guardia.
La visión y el deseo de proteger a la población ante las contingencias de la vida cobraron forma tras un estudio del modelo chileno adaptado a la realidad de la Costa Rica de entonces. Con el aval técnico y el reconocimiento de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), el Congreso Nacional aprobó la Ley Constitutiva de la CCSS (N.° 17), ejecutada el 1.° de noviembre de 1941.
Del círculo de personas que integraron el Seguro Social en aquel primer año de vida, nació la idea de reformar la Constitución Política de 1871 para darle base firme a aquel. De allí surgió el movimiento que condujo a la promulgación del capítulo constitucional de las Garantías Sociales, introducido mediante la Ley N.° 24 del 2 de julio de 1943. Unos meses después, a través de su nueva Ley Constitutiva, del 22 de octubre de 1943, se dio la consolidación de la autonomía institucional, lo que sentó las bases de un pacto social inédito en la región.
A lo largo de sus ocho décadas y media, la Caja no ha sido estática; su vida está marcada por constantes hitos de innovación orientados a adaptar y ampliar su cometido y el manto protector sobre las personas. Cito algunos:
- Invalidez y pensión. En 1947 nace el Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), un pilar fundamental para garantizar el retiro digno de la clase trabajadora.
- Universalización de la salud. En 1961, mediante la Ley N.° 2738 y la consecuente reforma constitucional, la salud dejó de ser un beneficio restringido para transformarse en un derecho humano obligatorio para toda la población.
- Unificación hospitalaria. Con la Ley N.° 5349, en 1973 la CCSS asumió la gestión de todos los hospitales del país.
- Atención primaria y comunitaria. En 1994 se implementó el modelo de los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (Ebáis), un paso decisivo que acercó la medicina preventiva y curativa a las comunidades y barrios.
- Pilar de jubilación y capitalización. La promulgación de la Ley de Protección al Trabajador N.° 7983 en el año 2000 reforzó la sostenibilidad del IVM.
- Modernización digital y formalización. A partir de 2012, se da la consolidación del Expediente Digital Único en Salud (EDUS).
- Capacidad de respuesta ante la pandemia. La CCSS enfrentó uno de los mayores desafíos de su historia, con capacidad de adaptación, transformación e innovación ante la crisis sanitaria provocada por el covid-19.
- Empleo moderno. En años recientes, leyes clave como la del trabajador independiente (N.° 10.363) y las normativas de condonación de recargos han permitido adaptar el sistema a las dinámicas del empleo moderno, con miras a ampliar la cobertura de cotizantes.
Más allá del marco normativo que la ampara, la grandeza de la Caja reside en su presencia cotidiana en la vida de cada una de las personas que toca, sea nacional o extranjera: en la llegada de un recién nacido, en la entrega del personal médico frente a las crisis sanitarias o las emergencias nacionales, en cada medicamento entregado o en la tranquilidad del adulto mayor que recibe su pensión.
Para que la CCSS conserve su capacidad resiliente para renovarse y superar los desafíos financieros, demográficos y sociales de cada era, depende del compromiso y el aporte de todos nosotros.
Hoy, el llamado no es al conformismo ni al inmovilismo, sino a la acción y a la innovación continua. La institución debe ser disruptiva, debe seguir transformando su gestión, mejorando la calidad del servicio y garantizando su sostenibilidad.
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David Valverde Méndez es abogado constitucionalista y actualmente funge como asesor de la Gerencia General de la CCSS.