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Hora de repensar el modelo: una respuesta necesaria ante los aranceles de Estados Unidos

Hoy urge un nuevo consenso para redefinir nuestro desarrollo productivo. Este desafío debe ser el centro del debate electoral del 2026. La campaña no puede reducirse a disputas ideológicas superficiales

Contenedor con la bandera de Costa Rica siendo levantado por una grúa en un puerto, simbolizando comercio internacional y acuerdos económicos.
El sector agropecuario costarricense enfrenta grandes desafíos si se adhiere al CPTPP y a la AP, particularmente debido a la apertura comercial con Australia, Nueva Zelanda y Vietnam, así como la profundización de la liberalización con aquellos países donde ya existen acuerdos preferentes, entre ellos Colombia y Perú.
Contenedor con la bandera de Costa Rica siendo levantado por una grúa en un puerto, simbolizando comercio internacional y acuerdos económicos.
Contenedor con bandera de Costa Rica en comercio internacional El reciente aumento de los aranceles impuesto a Costa Rica por el gobierno de Donald Trump no solo representa un golpe a nuestras exportaciones, sino que también evidencia los límites de un modelo que ha confiado demasiado en el acceso preferencial a mercados sin invertir suficientemente en competitividad estructural. (Shutterstock)

El artículo del canciller publicado el 30 de julio en La Nación, titulado “Geopolítica de la confianza”, hace un recuento de los lazos históricos entre Costa Rica y Estados Unidos, y destaca su estabilidad, intensidad y afinidad política. No obstante, la reciente decisión de la administración Trump de imponer aranceles del 15% a productos costarricenses nos obliga a cuestionar esa visión exclusivamente diplomática y reconocer una realidad más compleja y desafiante para nuestra economía.

Los aranceles son una señal clara. Por más sólida que sea nuestra relación política con Washington, no estamos exentos de presiones económicas unilaterales que pueden poner en riesgo empleos, exportaciones y sectores productivos clave. Esta medida no solo representa un golpe a nuestras exportaciones, sino que también evidencia los límites de un modelo que ha confiado demasiado en el acceso preferencial a mercados sin invertir suficientemente en competitividad estructural.

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