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¿Hasta los tuétanos? El espejo incómodo del Poder Ejecutivo

La presidenta anunció un procedimiento administrativo y prometió actuar con rigor, pero todavía quedan preguntas sobre las fallas que permitieron que ocurriera el episodio

Alejandro Arias Monge salió de prisión el 28 de octubre del 2016, tras cumplir prisión preventiva como sospechoso de dos homicidios. Desde entonces, no se conocía su paradero.
Alejandro Arias Monge, alias Diablo es uno de los recluidos en el sector de La Reforma donde fue detenido un agente de la Unidad Especial de Apoyo del Ministerio de Seguridad. Cortesía

En 1993, ingresé al Ministerio de la Presidencia como agente de seguridad presidencial. Allí conocí a Eduardo Guzmán López, a quien recuerdo como “Inca 16″, entonces vinculado a la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS). Años después, fue director de la Policía de Proximidad del área central de San José, conocida como Delta 1. También serví en el Ministerio de Seguridad Pública. Conozco, por experiencia, la responsabilidad que implica portar un uniforme y custodiar instalaciones sensibles.

Por eso, me resulta particularmente alarmante lo ocurrido en La Reforma. El 15 de octubre trascendió la detención de Maiker Guzmán Charpantier, hijo de aquel funcionario y agente de la Unidad Especial de Apoyo del Ministerio de Seguridad Pública.

Según las informaciones publicadas, cuando participaba en el refuerzo de la custodia del ámbito de Máxima Seguridad, la Policía Penitenciaria le encontró un celular, una tarjeta SIM, un reloj inteligente y accesorios electrónicos después de que superara el área donde debían depositarse esos objetos.

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