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¿Han perdido los velatorios su verdadero sentido?

No se trata de regresar obligatoriamente a determinadas costumbres ni de imponer una manera de vivir el duelo, solo de recuperar el sentido de la despedida

Mujer coloca rosa blanca sobre ataúd cerrado. Al fondo, césped en un espacio abierto. Muerte, féretro, sepelio, entierro, persona fallecida, duelo, luto, cementerio
En cada velación se recuerda a una persona con nombre, con historia, con afectos y con una vida que merece ser honrada hasta el último adiós. Shutterstock

Hay escenas que, por repetirse, terminan pareciéndonos normales. Una de ellas ocurre cada vez con mayor frecuencia en los velatorios, ya sea en una funeraria o en una casa: mientras una persona yace en su féretro y una familia atraviesa el dolor de una despedida, alrededor se forman grupos, surgen conversaciones y se oyen risas. Poco a poco, aquello que debería ser un momento de recogimiento puede terminar pareciéndose más a una reunión social.

No lo digo para juzgar a nadie. Yo misma, en alguna ocasión, puedo haberme dejado llevar por una conversación y haber olvidado por momentos la verdadera razón que me llevó hasta allí. Quizá por eso vale la pena preguntarnos: ¿a qué vamos cuando asistimos a despedir a alguien que ha muerto?

Por supuesto que una velación también es un lugar de encuentro. Volvemos a ver familiares y amigos, recordamos anécdotas, nos abrazamos y hasta podemos sonreír al evocar momentos vividos con quien partió. Nada de eso constituye una falta de respeto. El dolor no obliga al silencio absoluto ni la tristeza tiene una única manera de expresarse. El problema aparece cuando se termina desplazando al motivo del encuentro.

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