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Guanacaste: construir el futuro que nos exige la historia

Una provincia pujante requiere infraestructuras a la altura de su potencial. Edificar lo que hace falta no es un gesto de voluntad: es un acto de justicia

Guanacaste, Tamarindo
Guanacaste recibió más de 880.000 visitantes en el 2024. En la foto, playa Tamarindo. Rafael PACHECO GRANADOS

El 25 de julio no es solo una fecha en el calendario. Es una lección viva de confianza, unión y visión compartida. La Anexión del Partido de Nicoya fue un acto voluntario, valiente y generoso que moldeó para siempre la identidad de Costa Rica. Pero cada año, al izar la bandera y entonar cantos folclóricos, se impone una verdad incómoda: la provincia que nos dio –y nos da– tanto sigue esperando lo que se le debe.

A pesar de ser una de las regiones que más aporta al desarrollo nacional –por su producción agrícola, su potencial turístico, su energía limpia, su riqueza natural, su cultura y su gente trabajadora–, Guanacaste arrastra una deuda histórica en infraestructura. Una deuda que se traduce en obras inconclusas, servicios básicos rezagados y proyectos que avanzan a un ritmo muy inferior de las necesidades de una provincia pujante.

Las carreteras que conectan a Guanacaste con el resto del país son un claro ejemplo. La Interamericana Norte sigue siendo el eje logístico fundamental para la región, pero sus tramos inconclusos limitan el comercio, el desarrollo turístico y la seguridad vial. El caso del tramo Barranca-Limonal es revelador: su ampliación, iniciada en el 2020, se detuvo en el 2022 con apenas un 18% de ejecución, tras una inversión parcial de $34 millones de un total presupuestado de $182 millones. La vía Limonal-Cañas, inaugurada en el 2023, presenta defectos significativos que afectan su funcionalidad.

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