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Francia enciende las alarmas sobre la deuda y el costo del ajuste

La Revolución francesa reescribió la relación del ser humano con el Estado; ahora, corresponde reescribir la relación de la deuda con el ciudadano

Una persona patea una bengala contra agentes de policía que dispersaban a manifestantes al término de una protesta, parte de una jornada nacional de movilizaciones convocada por estudiantes de secundaria y a la que se sumaron sindicatos y docentes en Francia.
Una persona patea una bengala contra agentes de policía que dispersaban a manifestantes al final de una protesta convocada por estudiantes de secundaria, a la que se sumaron sindicatos y docentes en Francia. DIMITAR DILKOFF

La Revolución francesa de 1789 fue el detonante definitivo de una transformación del panorama sociopolítico de la humanidad. Su impacto redefinió la relación del ser humano con el Estado: las personas pasaron de ser súbditos a ser ciudadanos, de regirse por la soberanía divina a reconocer la soberanía popular, y de concebir el Estado como un instrumento al servicio del monarca a entenderlo como garante de derechos.

Hoy, casi dos siglos y medio después, Francia vuelve a convertirse en detonante de movimientos de protesta y disconformidad con el sistema, específicamente en torno al costo de la vida y el estado de la educación. Albania, España, Italia, Bélgica y los Países Bajos son algunos de los países cuyos ciudadanos se han sumado a las protestas.

Este artículo no busca posicionarse a favor o en contra de estos movimientos, sino centrarse en una de las principales causas que han corroído la inversión y el financiamiento del desarrollo y han generado fricciones multisectoriales: la gestión de la deuda pública. Esta situación nos obliga, como civilización, a repensar la relación de la ciudadanía con la deuda.

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