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El primer televisor del barrio y la Costa Rica que ya no existe

Con su sensibilidad de fotógrafo, mi papá graduaba magistralmente la gama de grises del aparato y, así, la imagen de nuestro televisor portátil se veía mejor que los Zenith grandes de los vecinos más pudientes

Cuatro niños sentados en el suelo, viendo televisión en un aparato clásico, vintage en blanco y negro
Cuatro niños sentados en el suelo, viendo televisión en un aparato clásico, vintage en blanco y negro Shutterstock
Cuatro niños sentados en el suelo, viendo televisión en un aparato clásico, vintage en blanco y negro
Fotografía ilustrativa de la época en que los niños se solazaban viendo programas en un único televisor en blanco y negro. (Shutterstock/Foto)

A las cinco de la tarde, los amiguillos del barrio corríamos a la casa de doña Tina, la esposa de don Pablo, ebanista y carpintero, al costado norte de la iglesia de ladrillo en San Francisco de Goicoechea, un lar empedrado y rústico, el Macondo entrañable de mi primera infancia que no dejo de evocar entre la nostalgia y el sepia de los calendarios.

Era el año 1960. Sudorosos, en pantalones cortos y con las rodillas raspadas, los carajillos nos deteníamos ansiosos en la puerta, hasta que doña Tina nos dejaba entrar y, modositos, nos sentábamos en el piso. Ella encendía el televisor –el primer aparato que llegó al vecindario–, y empezaban las fábulas de las urracas parlanchinas, las del campesino Alfalfa y las del superratón volador que rescataba a su bella ratoncita de los felinos malvados.

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