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El polígrafo: la gran mentira del detector de mentiras

Si el polígrafo produjera resultados verdaderos, todos los sistemas judiciales del mundo habrían desaparecido hace décadas. No habría juicios, ni prueba testimonial, ni presunción de inocencia. Bastaría con conectar al imputado a una máquina

Polígrafo. Detector de mentiras. Hombre se somete a la prueba del polígrafo
Polígrafo. Detector de mentiras. Hombre se somete a la prueba del polígrafo Shutterstock
Polígrafo. Detector de mentiras. Hombre se somete a la prueba del polígrafo
El hecho de que ningún sistema jurídico serio haya adoptado el polígrafo como prueba vinculante no es casualidad ni conservadurismo. (Shutterstock/Fotografía)

El humo vendido por el polígrafo –también llamado detector de mentiras– se basa en una premisa sin comprobación: mentir produce respuestas fisiológicas identificables. Eso es falso. Lo que mide –presión arterial, ritmo respiratorio, conductancia de la piel– son reacciones al estrés y a la ansiedad. No son reveladores de la mentira.

Una persona inocente que teme no ser creída podría reportar esas respuestas fisiológicas. El polígrafo mide la activación del sistema nervioso autónomo, que responde a infinidad de estímulos externos y, tal vez, a la mentira. Algunas personas pueden mentir con absoluto descaro y no generar reacciones físicas, en tanto que otras podrían desencadenarlas. No hay conclusión válida.

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