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El padre Armando Alfaro, un educador fuera de serie

A finales de la década de los cincuenta, el padre Delio Arguedas gestionó y consiguió la creación de un colegio vocacional en Desamparados. Inició al frente de este y poco después encargó al padre Armando Alfaro Paniagua la dirección del nuevo centro. Se inició así el camino de una prestigiosa institución, líder por muchos años en la formación de jóvenes técnicos para mejorar la calidad de la producción y dar empuje a la industria costarricense.

Y los profesores ¿dónde estaban? Pues trabajando como operarios calificados en modestos talleres del área metropolitana. El Padre Alfaro fue en busca de las y los mejores ebanistas, torneros, mecánicos, electricistas, costureras y otros, y les ofreció convertirlos en profesores. Tentadora oferta para muchos de ellos, aunque otros no se interesaron o tuvieron temor. Los que se atrevieron pronto recibieron la guía, la luz pedagógica del Cura Alfaro, y así, aquellos operarios artesanales poco a poco comenzaron a verter su sabiduría en las ávidas mentes de los jóvenes a su cargo, esta vez en el aula-taller del Colegio Vocacional Monseñor Sanabria.

Aquella “capacitación inicial” a cargo del presbítero Alfaro poco a poco se fue complementando con otras oportunidades para los nuevos profesores. Ellos, ansiosos de mejorar, se apuntaron a cuanta oportunidad les conseguía el padre. Así, pronto se hicieron bachilleres estudiando duro por la noche, asistían a seminarios y cursos intensivos de preparación pedagógica en coordinación con la Universidad de Costa Rica y la Escuela Normal. Más tarde, muchos de ellos tuvieron la oportunidad de viajar a Europa y enriquecer su formación en prestigiosos institutos y universidades en España, Italia, Alemania entre otros países. Algunos otros mejoraron su formación en Argentina, Brasil, México, Chile, etc.

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