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El momento de Iberoamérica

Tener litio, cobre, alimentos y energía limpia no garantiza prosperidad. Iberoamérica necesita tecnología, inversión, talento y reglas estables para dejar de exportar recursos sin capturar todo su valor

Colaboración entre empresarios iberoamericanos
Iberoamérica puede convertirse en un puente estratégico entre América Latina y Europa, impulsado por el comercio, la inversión y la cooperación empresarial. Maksim Pasko

Stefan Zweig llamó momentos estelares a esos instantes en que una decisión fija el rumbo de décadas. Iberoamérica está a las puertas de uno. Estados Unidos ha declarado prioritaria su relación con América Latina, la Unión Europea aspira a ser su socio preferente, China quiere construir una comunidad con la región e India la considera un socio clave.

Pero en un mundo fragmentado, la relevancia internacional no se presume: se construye. Y esa construcción requiere del trabajo conjunto no solo de los gobiernos, sino que debe incorporar también al sector privado.

Iberoamérica tiene la escala para hacerlo. La integran 22 países a ambos lados del Atlántico que suman más de 700 millones de personas, casi el 9% de la población mundial, y el 8,6% del PIB global, según el FMI: juntos serían la tercera economía del mundo, tras Estados Unidos y China. Comparten, además, algo que ningún otro espacio tiene: dos lenguas globales y mutuamente comprensibles, el español y el portugués, que hablan cerca de 900 millones de personas, que facilitan los intercambios y promueven el comercio y la inversión. Todo esto le ha permitido construir una agenda de intereses compartidos durante más de tres décadas de manera ininterrumpida.

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