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El milagro de la protesta en Cuba

El 11 de julio del 2021 ocurrió algo que no debía y no podía ocurrir en Cuba: la gente protestó simplemente porque se dio cuenta de que podía hacerlo

Inés M. Pousadela, socióloga y politóloga.
Inés M. Pousadela es investigadora sénior de Civicus y consejera académica de Cadal.

En los regímenes de control total el disenso no tiene cabida. En el cubano, la ocurrencia de protestas masivas y persistentes es testimonio del resquebrajamiento de la lógica implacable de un sistema que durante décadas logró extirpar todo instinto rebelde.

Según el Civicus Monitor, herramienta de monitoreo en línea, Cuba tiene espacio cívico cerrado. El espacio cívico —tanto físico como virtual, estructurado por la vigencia de las libertades de asociación, de expresión y de reunión pacífica (o sea, de protesta)— es en que nace, crece y se mueve la sociedad civil. Es casi el oxígeno que respira.

Cuando el Civicus Monitor comenzó a funcionar en la década pasada, Cuba era el único país de América Latina con espacio cívico cerrado. Los dos que se le sumaron posteriormente, Nicaragua y Venezuela, fueron cierres progresivos acompañando la autocratización del régimen político. El régimen cubano, en cambio, nació cerrado. Cuba carece de espacio cívico por diseño.

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