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El legado social de Costa Rica no puede quedarse congelado en el siglo XX

El rechazo a la reforma eléctrica reabre un debate fundamental: cómo modernizar las instituciones históricas del país sin renunciar a los principios del Estado social

Edificio del ICE en Sabana Norte
Es importante entender que, en electricidad, por ejemplo, el ICE puede conservar su papel estratégico sin necesidad de monopolizar todas las etapas de la actividad energética. Alonso Tenorio

En Costa Rica existe una paradoja que pocas veces se reconoce. Quienes defienden la necesidad de reformar sectores como la electricidad, la seguridad social, la salud, la educación o la banca estatal suelen ser acusados de pretender desmantelar el legado social del país. Quienes se oponen a esos cambios, por su parte, tienden a defender las instituciones públicas como si debieran permanecer inalterables, independientemente de cuánto haya cambiado la sociedad a la que sirven. Ambas posiciones parten de un caos fundamental: confundir los fines con los medios.

El objetivo no es preservar el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), el Ministerio de Educación Pública (MEP) o los bancos estatales por el simple hecho de que existen. El objetivo es garantizar que todos los costarricenses tengan acceso a energía confiable y asequible, servicios de salud oportunos y de calidad, pensiones dignas, educación de excelencia y oportunidades de financiamiento para el desarrollo. Las instituciones son instrumentos para alcanzar esos propósitos; su verdadero valor depende de su capacidad para cumplirlos.

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