
Estamos viviendo algo que quizá todavía no alcanzamos a dimensionar.
Sigo creyendo que la tecnología puede cerrar brechas de desarrollo, y hacerlo más rápido que nunca. Imagino un mundo en el que la inteligencia artificial (IA) permita democratizar el acceso a educación, salud, conocimiento y oportunidades, independientemente del lugar donde una persona haya nacido. Pero esa esperanza convive hoy con una inquietud creciente.
A las advertencias de líderes de algunas de las principales empresas de IA se suma ahora Bill Gates, uno de los grandes protagonistas de la revolución tecnológica, quien advierte de que estamos entrando en una “era turbulenta” de la inteligencia artificial. No habla de un futuro lejano. Sostiene que la velocidad con la que avanzan las capacidades de la IA está superando nuestra capacidad para prepararnos como sociedad, y que Gobiernos, empresas y comunidades no están haciendo lo suficiente para enfrentar sus consecuencias.
Gates no está proponiendo simplemente detener la tecnología. De hecho, reconoce su enorme potencial para mejorar la vida humana. Su preocupación es otra: que avancemos mucho más rápido en desarrollar la tecnología que en desarrollar las instituciones, las reglas y las capacidades humanas necesarias para utilizarla responsablemente.
No es la primera vez que una tecnología transforma nuestra forma de vivir y, en su momento, también genera incertidumbre y temor. Pero esta vez estamos desarrollando máquinas capaces de realizar tareas que durante siglos hemos considerado exclusivamente humanas: interpretar, razonar, crear, programar y tomar decisiones.
Y hay algo todavía más inquietante. Estamos comenzando a vivir en un mundo donde ya no podemos asumir que aquello que vemos, escuchamos o leemos ocurrió realmente.
Una fotografía puede ser fabricada. Una voz puede ser clonada. Un video puede mostrar algo que nunca sucedió. Un texto puede haber sido escrito por una máquina.
La duda sobre la autenticidad está dejando de ser una cuestión filosófica para convertirse en una inquietud cotidiana.
¿Qué significa crecer en un mundo en que la desconfianza puede convertirse en el estado por defecto? ¿Qué ocurre con la identidad, el criterio y la capacidad de formar convicciones cuando la evidencia puede ser artificialmente construida?
¿Cómo podemos seguir aprovechando los beneficios de la IA en un ambiente laboral en el que también existen dudas sobre cómo y para qué se utiliza?
Y hay una pregunta que me preocupa especialmente desde mi experiencia de trabajo con organizaciones y líderes: ¿qué significa esto para empresas cuya propuesta de valor depende de la confianza?
Durante años, hemos hablado de transformación digital, eficiencia, automatización y experiencia del cliente. Pero quizá la próxima gran ventaja competitiva no estará solamente en quién utilice mejor la inteligencia artificial, sino en quién consiga integrarla mejor con aquello que sigue siendo profundamente humano.
Estoy convencido de que, en un mundo cada vez más digital y conectado, el verdadero diferenciador –a nivel de país o sociedad, de empresa y también de persona– será la capacidad de integrar el contacto humano en el proceso de generación de valor.
Criterio. Responsabilidad. Empatía. Experiencia. Relación. Propósito. Confianza.
Por eso, creo que las organizaciones deberían empezar a hacerse una pregunta diferente. No solamente: ¿qué podemos hacer con IA? Sino también: ¿qué no deberíamos delegar en ella?
La respuesta no será la misma para todas las empresas. Tampoco para todos los países. Pero determinarla será una de las decisiones estratégicas más importantes de los próximos años.
La IA puede convertirse, como plantea Gates, en uno de los grandes igualadores de la historia o en una fuente extraordinaria de desigualdad. No sabemos todavía cuál de esos futuros prevalecerá.
Lo que sí sabemos es que no podemos esperar a que el futuro esté definido para comenzar a actuar.
Quizá la verdadera ventaja en esta era turbulenta no consista en predecir lo que viene, sino en desarrollar la capacidad para navegar en medio de esa turbulencia.
Y, sobre todo, en decidir qué parte de nuestra humanidad queremos asegurarnos de llevar con nosotros.
fgallegos@neworkrules.com
Fernán Gallegos Echeverría es consultor y coach en procesos de transformación.