“Divide y vencerás”... Julio César, Maquiavelo o Bonaparte; quién sabe quién usó primero esta frase, que utilizo hoy para abrir un “melón” (como decimos en España) importante.
Abrir la puerta digital hoy es recibir notificaciones de lo grave que está sucediendo en el mundo y, específicamente, en Europa, sobre vandalismo, terrorismo callejero, reducción en el presupuesto educativo en Francia, Italia, falta de vivienda en España, inmigración desregulada, invasiones y crisis migratorias, el islam.
En fin, ¿quién da más?
Como española que emigró a El Salvador en 2002, a los 25 años, y después a Costa Rica en 2016, casada con un salvadoreño y con tres hijos multiculturales, habiendo trabajado toda mi vida en proyectos sociales, puedo observar la película desde una lente relativamente interesante, según mi punto de vista.
Soy emigrante y he enfrentado los retos y barreras culturales y multicausales de semejante decisión, porque lo primero que quisiera dejar sobre la mesa es que las personas emigramos por necesidad y por amor. Y la primera equivale al 95% de las razones.
Lo que más me impresiona, desde mi pequeña mirada que obviamente tiene mucho que aprender, es la evolución en la radicalización de los pensamientos y, sobre todo, la inexistente capacidad de diálogo y conversación.
Opinar hoy es uno de los deportes de riesgo más peligrosos porque, al hacerlo, las personas que nos leen o escuchan nos etiquetan en X o Y lugar. Es imponente cómo la radicalización y la segmentación de las sociedades han ido creciendo al punto de estar completamente hechas añicos.
Todas las problemáticas arriba mencionadas tienen raíces sociales y fundamentos válidos desde todos los enfoques; sin embargo, vaticino pocas soluciones debido a que las mesas de trabajo, últimamente no redondas, no quieren escuchar al otro queriendo entender, sino queriendo buscar qué piedra nefasta y personal le lanzo para desprestigiar su narrativa.
El objetivo no es buscar las posibles soluciones, sino evidenciar que el “otro” es un mediocre o un crápula y, de esa manera, mi criterio, por eliminación, queda en primera posición.
No sé en qué momento los ciudadanos de a pie decidimos aceptar esta mezquindad como forma de funcionar, como reflejo de quiénes somos y de nuestras culturas y riqueza humana.
¿En qué momento la humildad y la capacidad de escucha se convirtieron en símbolo de debilidad?
Volvemos a la selva y a la ley del más fuerte: llevándonos por delante las pensiones de nuestros abuelos, la calidad educativa de nuestros niños, la diversidad cultural de nuestros artistas, la libertad de expresión de nuestros periodistas y escritores y, sí, señores, la posibilidad de emprender y generar riqueza y empleo, porque eso también es clave para desarrollar un país.
Creo firmemente que la problemática social más trascendental se rige por el “gol” que nos han metido unos y otros para mirarnos con odio e incomprensión, para estigmatizar ideologías que son solo una pequeña parte de nuestra identidad; que muchos de nosotros no somos de derechas ni de izquierdas, ni zurdos ni fachos.
Muchos somos personas que trabajan y sueñan cosas y van a ver a su “tita” los domingos; algunos tenemos hijos a los que nos encanta hacerles cosquillas; muchos tienen tatuajes y otros usan saco y corbata; algunos leen libros y otros surfean en la playa… Pero lo más importante es que todos tenemos mucho de todo y nada de nada.
Encasillarnos es segmentarnos, separarnos, dividirnos: someternos.
La sociedad civil tiene el inmenso reto de volver a encontrarse, ensordeciendo la basura del odio que gana las urnas.
¿De verdad no somos capaces de escucharnos, como les digo a mis alumnos, con los ojos?
¿De mirarnos sin distancias, sin juicios, sin etiquetas?
Estoy completamente segura de que en la frase “explícamelo de nuevo, que quiero entenderlo bien” radica la semilla de nuestra oportunidad como sociedad. Es ahí donde, juntos, podemos construir y solucionar.
¿No es eso lo que todos queremos?
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Beatriz González-Cascos Jiménez es filóloga, escritora, educadora, logoterapeuta y facilitadora, con más de 20 años de experiencia desarrollando proyectos educativos, pedagógicos y sociales en España, El Salvador y Costa Rica.
