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Duelo por una catarata

Juan José Sobrado Ch.

El Proyecto Hidroeléctrico del Río Toro Amarillo, recientemente inaugurado por el ICE en medio de fanfarrias sobre desarrollo sostenible y otras palabras huecas, tras las que se oculta todo lo contrario, acabó con la catarata del mismo nombre, que era la más hermosa e imponente del país, con una caída espectacular de centenares de metros, en medio de un escenario bellísimo.

Con el objeto de ahorrarse unas decenas de millones de dólares que habría costado una presa en otro sitio del río, el ICE aprovechó la caída natural mediante una toma, aguas arriba de la catarata, y entubó casi toda el agua para llevarla aguas abajo hacia las turbinas, con toda la fuerza de la caída de centenares de metros. Se apropió literalmente de la parte líquida de la catarata y, entubada, la hizo caer paralelamente para accionar las casas de máquinas. De esta manera la catarata quedó reducida a una ridícula porción, verificando el paso de lo sublime a lo ridículo por acción humana transgresora y absurda. Y el escenario bellísimo circundante quedó afeado por una enorme lesión a un cerro contiguo a la toma porque así como algunos aprecian la belleza y la crean, el Estado con traje de electricista se olvida de sus deberes y sólo sabe destruirla.

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