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Drogas y delincuencia juvenil

El tratamiento de adicciones debería ser una política de salud pública en el país

En no pocas ocasiones, al desarrollar mi labor como defensor público penal juvenil, me encuentro con jóvenes involucrados en la comisión de delitos como consecuencia directa de su consumo de drogas. Estos, junto a sus familiares, reconocen la necesidad de recibir tratamiento internándose en un centro de desintoxicación. Sin embargo, la falta de espacio en los centros privados es la nota dominante. Por su parte, el Estado está muy lejos de satisfacer la demanda, el trámite de ingreso se vuelve una paradoja que no es entendida por el joven interesado y mucho menos por su familia.

En el país se cuenta con dos opciones estatales para el internamiento y tratamiento de los menores de edad: el Hospital Psiquiátrico con el programa Nuevos Horizontes y el programa residencial del IAFA. Resulta que en el programa del Psiquiátrico se requiere un estado de ingesta de drogas tal, que casi estemos frente a un cuadro de intoxicación. Por su parte, el programa de residencia del IAFA requiere que el joven no haya ingerido recientemente; así, se cierra la puerta a quienes no estén intoxicados, pero sí tengan un consumo activo de drogas, quedando dos opciones: una es, por loca que parezca, intoxicarse para lograr el ingreso, o abstenerse de usarlas por un mínimo de 8 días, hecho que resulta casi imposible pues por eso es que piden la ayuda, porque no tienen una contención propia para evitar el uso de los psicotrópicos.

Al final, no hubo posibilidad de ingreso y a los días vuelven estos jóvenes a entrar a las oficinas judiciales, muchas veces con delitos más graves y, lo peor, con la sensación real de que han sido excluidos de toda opción de terapia.

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