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CPTPP: el salto que debemos dar para unir las dos Costa Ricas

El verdadero riesgo no es abrirse, sino quedarse quieto mientras el mundo se reorganiza sin nosotros. Abrir sin rumbo es exponerse; abrir con visión y estrategia es crecer

Un buque de carga en Puerto Caldera vinculado a la noticia de la invitación a Costa Rica para unirse al Acuerdo Transpacífico (CPTPP).
El CAFTA-DR, vigente desde 2009, consolidó el acceso al mayor mercado del mundo, dio seguridad jurídica a la inversión y abrió las telecomunicaciones y los seguros. Llegaron empresas de dispositivos médicos, servicios digitales y manufactura avanzada. Alonso Tenorio

Ningún país pequeño se hizo próspero por casualidad. Los que lo lograron fueron aquellos que, un día, se negaron a seguir siendo pequeños. Irlanda, Nueva Zelanda, Singapur, Chile y Estonia no tenían el tamaño ni los recursos para convertirse en referentes mundiales. Lo lograron porque entendieron antes que otros que un país pequeño no prospera vendiendo más de lo mismo, sino integrándose al mundo con lo mejor que sabe hacer. Costa Rica tiene hoy la oportunidad de dar un salto parecido.

No sería el primero. Desde hace más de tres décadas, Costa Rica apostó por un modelo de apertura comercial basado en reglas: tratados con compromisos claros, solución de controversias y estabilidad para quien invierte y produce. El CAFTA-DR, vigente desde 2009, fue la expresión más ambiciosa de ese modelo y transformó nuestra economía más de lo que solemos reconocer. Consolidó el acceso al mayor mercado del mundo, dio seguridad jurídica a la inversión y abrió las telecomunicaciones y los seguros, que durante décadas fueron monopolio del Estado. Llegaron empresas de dispositivos médicos, servicios digitales y manufactura avanzada. Fue un acuerdo para entrar a mercados, y cumplió.

Pero las reglas que supimos negociar hacia fuera no siempre las supimos aplicar hacia dentro. Mientras las zonas francas despegaban, buena parte del país siguió produciendo con los mismos costos y los mismos rezagos. Así nacieron dos Costa Ricas: una conectada al mundo y otra que lo ve desde lejos. La brecha tiene una causa conocida: una agenda de competitividad pospuesta durante años. Carreteras y puertos que avanzan más despacio que el comercio. Trámites que desaniman al emprendedor. Costos de energía que pesan sobre quien produce. Recientemente, el tipo de cambio. Un sistema educativo que todavía no forma suficiente talento técnico y bilingüe. No han faltado diagnósticos. Ha faltado decisión.

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