La inteligencia artificial (IA) está pasando de ser un tema de laboratorios a convertirse en una herramienta cotidiana en empresas e instituciones.
En Costa Rica, su impacto comienza a notarse en la organización del trabajo: automatiza tareas, acelera procesos y modifica qué habilidades se valoran.
Más que una amenaza automática de “despidos”, el fenómeno implica una transformación de funciones y una reorganización del mercado laboral, con efectos tanto en el sector privado como en el sector público.
Uno de los efectos más visibles es la automatización y transformación de tareas. La IA está asumiendo labores repetitivas y administrativas: procesamiento de datos, clasificación de información, redacción básica de mensajes o documentos y atención inicial al cliente mediante sistemas automatizados.
En muchos casos, no desaparecen puestos completos, sino que cambian las tareas dentro de cada trabajo: se reduce el componente rutinario y aumenta la necesidad de supervisión, validación y resolución de casos complejos.
El segundo impacto es el incremento de la productividad. Las organizaciones que incorporan IA pueden responder más rápido, disminuir tiempos operativos y mejorar la consistencia de la información. Pero esto también genera presión: quienes no adoptan tecnologías pueden perder competitividad, y los trabajadores sienten el impulso (o la necesidad) de actualizarse para mantenerse relevantes.
Al mismo tiempo, la IA abre la puerta a nuevas profesiones. En lugar de limitarse a “personal técnico”, crece la demanda por perfiles capaces de trabajar con datos, automatización y mejora de procesos: analistas de datos, roles de automatización, especialistas en gobernanza y seguridad, y profesionales que conectan la tecnología con el criterio humano. En este escenario, la experiencia no desaparece, sino que se reorienta: se valora más la capacidad de analizar, decidir y corregir.
La conversación sobre empleo también cambia por el tipo de habilidades demandadas. El mercado empieza a priorizar pensamiento crítico, comunicación, creatividad, liderazgo y adaptabilidad. En otras palabras: la IA puede generar borradores y sugerencias, pero la responsabilidad de interpretar, validar y aplicar esos resultados sigue siendo humana.
Este proceso no ocurre solo en empresas privadas. El sector público en Costa Rica enfrenta presiones y oportunidades derivadas de la IA, especialmente por la cantidad de trámites, solicitudes y expedientes que gestionan las instituciones.
En el sector público, la inteligencia artificial puede contribuir a mejorar la atención al ciudadano y a orientar los casos desde etapas iniciales, además de automatizar tareas administrativas de bajo riesgo que consumen tiempo y recursos.
También permite clasificar documentos y solicitudes con mayor rapidez y orden, y acelerar el análisis de información para apoyar la planificación y la evaluación de políticas públicas.
Sin embargo, el reto es especialmente sensible por la naturaleza del servicio público. Si se automatizan decisiones o recomendaciones, debe garantizarse transparencia, legalidad y control de calidad, además de proteger datos personales.
El personal dejaría de dedicar tanto tiempo a tareas mecánicas, pero aumentaría la necesidad de funcionarios preparados para supervisar sistemas, gestionar excepciones, auditar resultados y asegurar que el uso de IA esté alineado con la normativa.
A este panorama se suma una variable clave: el envejecimiento de la población en Costa Rica. A medida que aumenta el peso de las personas mayores en la estructura demográfica, el mercado laboral enfrenta un doble desafío.
Por un lado, muchos trabajadores con más experiencia pueden tener un rol clave en la supervisión, el control de calidad, la toma de decisiones y la gestión de casos complejos, precisamente porque aportan criterio y conocimiento acumulado. Por otro lado, si la IA entra rápidamente en los procesos sin acompañamiento, puede ocurrir una brecha entre quienes pueden adaptarse con apoyo y quienes encuentran barreras por falta de capacitación digital.
En ese sentido, el riesgo no es solo perder empleos por automatización, sino también quedar excluido del nuevo ritmo del trabajo: cuando la IA se vuelve requisito implícito para acceder a mejores oportunidades, la formación continua se vuelve urgente. El envejecimiento vuelve más relevante diseñar procesos de reconversión con métodos inclusivos, tutorías, entrenamiento práctico y tiempos razonables de adaptación.
El gran riesgo para el país es la brecha de formación. Cuando la IA se convierte en condición para acceder a oportunidades laborales, quienes no reciban capacitación adecuada pueden quedar rezagados. Esto puede profundizar desigualdades tanto en el sector privado como en la administración pública.
Con una población que envejece, la brecha puede impactar con mayor fuerza en quienes ya están vinculados al mercado laboral, pero requieren apoyo para incorporarse a nuevas herramientas.
Para que la IA contribuya al desarrollo y no a la precarización, se necesitan acciones concretas. Es clave impulsar capacitación continua con enfoque práctico para trabajadores y funcionarios (en datos, automatización, validación y uso responsable), incorporando estrategias que contemplen distintos ritmos de aprendizaje.
También resulta fundamental promover alianzas entre el Estado, las universidades y los centros técnicos para formar de acuerdo con las necesidades reales del mercado y del servicio público.
Además, se debe avanzar con una transición ordenada: rediseñar procesos y reasignar tareas antes de pensar en recortes de personal. En el sector público, la implementación debe acompañarse de una gobernanza clara, con reglas sobre datos, auditoría, transparencia y responsabilidad.
Por último, es necesario incluir programas de alfabetización digital y acompañamiento laboral dirigidos también a la población trabajadora de mayor edad, para evitar que el avance tecnológico amplíe brechas.
La inteligencia artificial ya está transformando el empleo en Costa Rica. La pregunta no es si el trabajo cambiará, sino cómo se gestiona ese cambio. Si se acompaña con formación, transparencia y planificación, la IA puede elevar la productividad, mejorar servicios y abrir nuevas oportunidades. Si se ignora el reto de la reconversión –y no se toma en cuenta el desafío adicional del envejecimiento poblacional–, el riesgo es aumentar la brecha laboral y dejar a muchas personas fuera de las nuevas dinámicas. El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad de construir un futuro laboral más inclusivo y moderno.
roythompson40@hotmail.com
Roy Thompson Chacón es exministro de Trabajo y Seguridad Social.
