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China en el centro de la crisis de la deuda

La República Popular China seguirá siendo un prestamista en los próximos años, pero los gobiernos deben ser más asertivos a la hora de hacer negocios con ella

Fraser Howie es analista independiente y colaborador de Análisis Sínico en
www.cadal.org.
Fraser Howie es analista independiente y colaborador de Análisis Sínico en www.cadal.org.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China (BRI, por sus siglas en inglés) está a punto de cumplir su primera década. Wikipedia cita setiembre del 2013 como el inicio del histórico proyecto de Xi Jinping, aunque los préstamos e inversiones chinos en todo el mundo son muy anteriores a esa fecha y su nombre ni siquiera se utilizaba en el 2013.

El proyecto nunca ha estado bien definido y casi todas sus iniciativas internacionales se han cobijado bajo la bandera de la Franja y la Ruta. Tal vez la mejor descripción del conjunto de inversiones e infraestructuras sea, simplemente, globalización con características chinas.

Lo que quedó claro en el último año es que la BRI no es un simple acuerdo entre China y sus participantes en el que todos salen ganando, como a la parte china le gusta afirmar. De hecho, la tan habitual formulación china del “todos ganan” se ha visto a menudo como que China gana dos veces.

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