Foros

Bienvenidos al panteón

En los días de adolescencia, estando en el colegio, cayó en mis manos el libro de Erich Fromm Anatomía de la destructividad humana . Decidí no asistir a clases hasta que terminara su lectura. Lo leí con avidez, me sentí descubridor, pionero, hurgador de secretos.

¿Por qué la violencia? ¿Por qué el hábito de cometer asesinatos en masa? ¿Por qué la tortura, el torturado, el torturador? ¿Por qué la atracción que ejerce en algunas personas el sufrimiento inducido? ¿De dónde nace la alquimia destructiva que transforma en horror, terror y dolor hasta al más sublime de los ideales? ¿Por qué la irracional dialéctica amigo-enemigo es el núcleo de las interacciones políticas? ¿Por qué las guerras son la continuación de la política y la economía, y viceversa? ¿Es la “agresión maligna” –como la denomina Fromm– un elemento inevitable e insuperable de la condición humana?

Las dudas se agolpaban cada vez que abría el libro o me topaba con personas poseídas por la convicción de que ellas, y solo ellas, tenían en su poder el secreto de la felicidad, estaban sintonizadas con la divinidad, su voz era la expresión infalible de la voluntad de algún dios, encarnaban los misterios del destino, el sentido de la historia, la regularidad de los ciclos y vueltas de la vida. Después, en la universidad, comprobé que tales pensamientos no eran fenómenos aleatorios, irrelevantes, sino una epidemia que acompañaba la historia universal, la corroía por dentro y originaba innumerables muertos y víctimas. Estaba rodeado de sectas deseosas de que todos pensáramos y sintiéramos del mismo modo.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌