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Aprender a soltar: los libros, los recuerdos y el viaje de la vida

¿Y si los seres humanos aprendiéramos a soltar, a despojarnos, a dejar ir y hacer este viaje más liviano antes de partir?

Libro dejado en banca en la calle
Muchos de los libros que guardamos podrían encontrar nuevos lectores si estuviéramos dispuestos a dejarlos ir. Shutterstock

El bibliotecario invisible de Buenos Aires lo vuelve a hacer: deja un libro más que ya terminó de leer envuelto en papel de regalo en alguna banca de un parque, en la parada de bus, al lado de un monumento; en fin, perdido por algún rincón de la capital argentina.

Su trabajo como taxista le permite diseminar esa semilla sin secuencia lógica, completamente al azar, aunque el ritual sea siempre el mismo: una leyenda sin firma alentando el hábito de la lectura, y luego huir sin voltear la vista porque teme conocer las reacciones. Está convencido de que la imaginación es el mejor complemento para elaborar el diálogo interno que dejaron aquellas páginas en medio del pesado tráfico porteño.

Desde la sombra de un árbol, con mi pareo extendido y mis pies descalzos sobrepasando la manta, tocando –sintiendo– la humedad de la tierra y el zacate con mis manos echadas hacia atrás, lo observo encubierto a la distancia. Vuelve a ver a todos los lados para que no se descubra su identidad, suponiendo que pasa inadvertido. Poco después, huye deleitado como un niño que consumó una travesura, con una expresión que mezcla impunidad y satisfacción social.

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