
Visitar al Papa por parte de otra autoridad, presidente o rey, es más que reunirse con el jefe del Estado Vaticano; significa trascender hacia el liderazgo espiritual que León XIV también representa.
En el caso de la Costa Rica actual, la anunciada visita al Vaticano debería pasar primero por un “examen de conciencia”, en palabras del mismo Pontífice, porque las acciones de quienes ocupan temporalmente la Casa Presidencial contradicen los principios de la encíclica Magnifica Humanitas, proclamada por el líder católico en mayo pasado.
“Desarmar las palabras”, como dice el Papa, exige que “todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva” (numeral 214 de la encíclica).
De ahí que la delegación tica en el Vaticano debería hacer primero ese “bizco para adentro” sobre la forma en que se refiere al Poder Judicial, a la prensa independiente y a quienes pensamos distinto.
Expresiones como “no me revuelco en el chiquero”, “prensa canalla”, “zurdos” o “sacar el sirope” forman parte de ese violento mundillo discursivo de los gobiernos populistas y sus influencers pagados. Semejante agresión verbal apunta a dividir a la población, que, con un celular en la mano, no siempre tiene las habilidades para diferenciar entre “información” y “propaganda” en el flujo de contenidos que circulan a diestra y siniestra en las redes sociales.
La encíclica Magnifica Humanitas recurre al “síndrome de Babel” para señalar que la uniformidad del discurso debe dar paso al reconocimiento de la “pluralidad de voces y visiones”, una idea que, por el contrario, el oficialismo en Costa Rica ha intentado desestabilizar durante los últimos cuatro años. Inclusive, se piden sanciones contra las personas que emiten comentarios que disgustan a quienes gobiernan.
Esta imposición del lenguaje único provoca una peligrosa autocensura ciudadana a la que no estábamos acostumbrados en nuestro país.
Aquí, venimos de una campaña política que parece no haber concluido y que se muestra lejana a la referencia de una “nueva Jerusalén” reconstruida con diálogo y escucha, tal como escribió el Papa.
Al confrontar a los troles que el poder político contrata en Costa Rica –es decir, aquellas cuentas falsas, pero masivas, que esparcen contenidos para desacreditar y mentir–, nos encontramos con un papa que más bien reflexiona sobre los algoritmos que pueden homogeneizar los discursos para simplificar o manipular. El Obispo de Roma se pregunta si los algoritmos favorecen la participación, la responsabilidad y la protección de los vulnerables.
Esta lógica autorreflexiva, casi como el “Yo pecador” del viejo catecismo, ahora se puede desempolvar y aplicar por igual a la conversación digital, venga de donde venga.
¡Eso sí! Quienes ostentan el poder en Costa Rica ya tienen las puertas abiertas para dar el paso al frente y desarmar sus palabras durante la visita a la Roma de León XIV.
alevajo@gmail.com
Alejandro Vargas Johansson es profesor en la Universidad de Costa Rica (UCR).