
Una secretaría general socialdemócrata del siglo XXI no debe limitarse a administrar el partido que recibió: debe caminar hacia la construcción del partido que Costa Rica necesitará mañana.
La afirmación trasciende la coyuntura interna de Liberación Nacional. Plantea una pregunta que deberían hacerse los partidos históricos: ¿cómo conservar los principios que les dieron sentido y, al mismo tiempo, comprender a una sociedad profundamente distinta de aquella en la que nacieron?
Construir el Liberación del mañana no significa volver al pasado ni vivir de sus realizaciones. Significa recuperar de su historia aquello que todavía puede iluminar el futuro: la dignidad de la persona, la justicia social, la solidaridad, la libertad, la igualdad de oportunidades y la convicción de que la política encuentra su razón de ser cuando mejora la vida de las personas.
El primer desafío es convertir nuevamente la doctrina en política concreta. La socialdemocracia debe responder qué significan hoy la justicia social y la igualdad de oportunidades frente a la inteligencia artificial, la transformación del empleo, el envejecimiento de la población, el cambio climático, la inseguridad y las nuevas formas de exclusión.
El segundo es regresar a los territorios. Un partido nacional no puede despertar cada cuatro años para organizar una campaña. Debe volver al cantón, al distrito y a la comunidad; escuchar al agricultor, al pequeño empresario, al cooperativista, al trabajador, a las mujeres, a los jóvenes y a quienes viven lejos de los centros donde suelen tomarse las decisiones.
A ello debe sumarse una tarea que durante demasiado tiempo los partidos han relegado: la formación política. Costa Rica necesita liderazgos capaces de comprender el Estado, la economía, la revolución tecnológica, la política social, el ambiente y la seguridad, pero también liderazgos capaces de escuchar, dialogar, reconocer un error y respetar a quien piensa diferente.
La renovación debe ser también ética. Transparencia, rendición de cuentas, idoneidad y respeto a los procedimientos tienen que comenzar dentro de los propios partidos. No basta con prometer que se gobernará correctamente cuando se alcance el poder. La integridad debe demostrarse antes de gobernar.
Otra responsabilidad consiste en construir unidad sin exigir uniformidad. Un partido democrático contiene generaciones, sensibilidades y maneras distintas de comprender el país. Unidad no significa silencio ni obediencia. Significa aprender a debatir sin destruirse, discrepar sin convertir al compañero en adversario y construir acuerdos para caminar juntos.
Pero quizá la pregunta más incómoda sea también la más necesaria: antes de preguntarse por qué alguien dejó de votar por un partido, habría que preguntarse por qué dejó de sentirse representado. Reconectar política y sociedad exige escuchar mucho más de lo que se habla.
La socialdemocracia del siglo XXI deberá, además, encontrar nuevos equilibrios. No se trata de escoger mecánicamente entre Estado y mercado, crecimiento y distribución, producción y ambiente, seguridad y derechos. Costa Rica necesita un Estado social eficiente, una economía dinámica que genere riqueza y oportunidades y una transformación tecnológica que no abandone a quienes puedan quedar desplazados.
Finalmente, los partidos deben aprender a pensar más allá de la próxima elección. Identificar nuevos liderazgos, abrir espacios a las generaciones jóvenes, preservar la memoria histórica, fortalecer el pensamiento programático y reconstruir vínculos con universidades, cooperativas, organizaciones sociales, trabajadores, sectores productivos y comunidades.
Estas ocho tareas convergen en una sola idea: la Secretaría General debe ser un puente entre la memoria y el futuro. Cada generación debe encontrar sus propias respuestas. Un partido histórico no honra su historia repitiéndola. La honra cuando toma de ella los principios que le dieron sentido, comprende el tiempo que le corresponde vivir y tiene el coraje de transformarse para volver a ser necesario. Ese es el verdadero desafío: construir desde hoy el Liberación del mañana.
¡Yo acepto ese desafío!
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Alexandra Blanco es candidata a la Secretaría General del Partido Liberación Nacional.