Opinión

¿Falta de gobierno?

La verdadera causa de la ingorbernabilidad

Se dice que hay ingobernabilidad porque los grupos de interés no dejan tomar decisiones y porque los mecanismos de gobierno y de control todo lo entraban. Pero lo primero es en principio signo de vigor democrático porque el gobierno no consiste en imponer decisiones caprichosas, sino en promover su alumbramiento mediante el equilibrio y luego, sí, imponer las que resulten según la ley y el interés público. Gobernar es convencer, y las presiones no deben ser de unos sino de todos, hasta encontrar el equilibrio. Pero para eso faltan mecanismos estructurales que instrumenten la participación política, como la escogencia libre de diputados, las elecciones de medio período, la rendición de cuentas, la descentralización de las decisiones, etc. Lo segundo, aunque cierto, es solo un efecto de no tomar las decisiones para corregirlo.

Por otra parte, el gobierno democrático requiere el balance armónico de poderes, y no puede haberlo si estos no están en manos de quienes tengan capacidad para ejercerlos y sobre quienes el elector tenga control. Por eso, no puede ser que el ciudadano promueva para diputados a personas que no emplearía para sus propios negocios, y sobre las cuales pierda luego el control. O que altos cargos se elijan –o se pretendan elegir– en función de su capacidad para ser instrumentos; ni que la presidencia de la República, en vez de corresponder a quien ha probado acertada capacidad de conducción, recaiga en quien tiene éxito en crear una imagen –independiente de la realidad– y de salir por todas partes, de lo que hace una profesión. Y de que el cargo electivo se entienda no como una función reglada, sino como una delegación a plazo de la soberanía. Todo esto es solo la degradación del sistema y de la democracia.

"PRI bicéfalo". Esto ha podido ocurrir porque, en la fase final de un proceso de domesticación, se produjo, sin advertirlo –por el efecto gradual del acostumbrarse– la mayor y más inaceptable privatización de todas: la del poder. De la perversión de la Asamblea Legislativa como órgano independiente de representación popular, al supuesto gobierno de los partidos –en un sistema sin mecanismos para ello–, a los pactos ocultos y al control por el comité director del "PRI bicéfalo", el proceso se completó. De ahí que los cargos de diputado y otros, claves para el control del Estado, se conviertan, o pretendan convertirse, en meras fichas del poder privatizado. Y que ese carácter travesti del poder, que finge una cosa cuando es otra, se encubra con los estereotipos de la propaganda y de un lenguaje engañoso y populista.

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