Hay pocos misterios naturales que desenvuelven un final tan mágico e inesperado –y que despierta el interés de tantos– como lo hace una oruga convertida en hermosa mariposa. Al verla volar en nuestros jardines, se nos olvida que la naturaleza es perfecta hasta en esto; su evolución es cada vez más bella. Una mariposa atraviesa el proceso temporal que le permite alcanzar el clímax de su vida, el precio parece ser la espera, el premio: volar.
Pero no me cautivó el cambio de la oruga-mariposa, sino La metamorfosis de Franz Kafka, cuento en el que su personaje principal, Gregorio, amanece –un día de tantos– convertido en cucaracha.
A veces las noches son así, cuando despertamos nada parece igual. Para los ticos que apenas despertamos, abrimos los ojos para ver un país cuyo reflejo es la Cuba de Batista. Aquella historia que parecía ajena y lejana ahora retumba con alarma en una tierra que abraza líderes políticos corruptos, regulaciones laxas para los casinos, es centro turístico internacional de prostitución infantil, hace uso ineficiente de los recursos del pueblo, brinda educación paupérrima para los ciudadanos, alberga una fiesta eterna alimentada por el trasiego, venta y uso de drogas y alcohol, permite la venta de nuestras mejores tierras y playas a extranjeros, hace uso de leyes y recursos para el bienestar de pocos; se respira una cultura social decadente.
Se reconoce esta incongruencia e hipocresía de la imagen que vendemos al mundo, pero vivimos inconscientes de habitar un país que mutó en el parque de diversiones de pedófilos, delincuentes, especuladores, ególatras, carteles de droga, mafias y cuanta cucaracha crece en la pestilencia de nuestra sociedad global. ¿Qué nos ha pasado?
El pacto social que ha moldeado millones de vidas por más de 60 años fue triunfo del pueblo, de los deseos colectivos que han sido convertidos por todos en historia y cultura viva. Algunas cosas han salido bien, otras no tanto' pero no podemos dejar ir de nuestros corazones el sueño que es Costa Rica.
Parece ser de noche para muchos y aunque hay algunas luces encendidas, se viaja por la neblina de la incertidumbre; sin líder, confianza, ni rumbo, cualquier evento es causa de desconcierto y miedo.
Al final la culpa no la tiene nadie –así es como pensamos– porque siempre la tienen otros y, como Gregorio, un día de tantos vamos a despertar convertidos en cucaracha, veremos en el espejo el reflejo de esta bestia y –añorando la metamorfosis de la mariposa– con un suspiro y un levantamiento de hombros, pensaremos: “Mejor ser cucaracha que una oruga”.