Los conflictos municipales, como el vivido durante los últimos años por Tibás y otros cantones, tienen un elemento común: el sistema electoral vigente y su desfase entre las elecciones de munícipes y alcaldes. En las elecciones nacionales se elige a los concejales, sin que nadie los presente y sin programa ni campaña cantonal. Son elegidos más por arrastre de la votación presidencial que por méritos propios y, nueve meses después, sin financiamiento de deuda política ni campaña local, en olor a tamal navideño en el Valle Central, y con inundaciones por el cuello en el Caribe, se "eligen" los alcaldes con un 70% de abstención (sic). Después viene el esperado desencuentro y rivalidades entre alcaldes y munícipes que no tienen nada en común y donde el gran convidado de piedra es la ciudadanía. Este caos ha sido provocado por la Asamblea Legislativa, donde por miopía y temor a la autonomía de las comunidades se impusieron normas a contrapelo del sentido y el bienestar común.
Las elecciones municipales deben ser a medio período y completas; es decir, de regidores y de alcaldes. Debidamente distanciadas de las nacionales por dos años, tienen que gozar de financiamiento público, restado, desde luego, del porcentaje de fondos asignados a las elecciones. Eso sí, debidamente regulados para divulgar solamente los programas regionales con soluciones a los problemas locales y no jingles publicitarios para arrear electores, como ganado, a las urnas.
Toma de conciencia. Es necesario dar trámite urgente al proyecto que presentó el diputado Aiza Campos para que se puedan hacer las elecciones de medio período, hay que incorporarle lo del financiamiento para que pueda ser una escuela cívica, pero hay que tomar conciencia de que este proyecto es insuficiente.
