Opinión

El mundo al revés

El TSE debe desintoxicarse

Antes todo se metía en los comicios, en perjuicio del sufragio, por lo que se creó el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para evitarlo. Ahora, por efecto de errores graves del TSE, los comicios se meten en todo y como resultado se perjudican libertades que son más importantes que el sufragio porque lo condicionan. Pero, además de los riesgos de esa emergente dictadura comicial, el TSE al hacerlo, y sin darse cuenta, lesiona grave y directamente la libertad del sufragio y su función política, cuya preservación, paradójicamente, es su razón de ser.

Porque la función del sufragio es escoger a los más aptos para gobernar, no cumplir cuotas en función del sexo ni asegurar la presentación en televisión de todos los inscritos ni hacer prevalecer los supuestos derechos al debido proceso por encima de evidentes razones de orden público.

Fuera del territorio. Contaminado de la moda que en Estados Unidos llaman "lo políticamente correcto", el TSE se salió de su territorio legal –en el que ha cumplido una gran labor, una de cuyas muestras fue la presentación de importantes reformas electorales a la Asamblea Legislativa a principios del 2001– para incursionar en el de las libertades públicas, que no le corresponde, con resultados que rayan en el pensamiento kitsch de lo "ridículamente correcto": que las mujeres tienen derecho a ser electas solo por ser mujeres y a desplazar a otros de las candidaturas; que el acto burocrático de inscribirse –llenar la solicitud de empleo– ya capacita para gobernar; y que el derecho a escoger al mejor queda sujeto a cumplir fórmulas sacramentales de interés particular.

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