Decencia y honradez intachables, en lo privado y en lo público. Defensa de los principios por encima de los intereses, que en ocasiones lo llevó a enfrentar a los jefes de su partido, e incluso a escindirlo cuando tal defensa lo hizo necesario. Vida política activa desde joven estudiante en el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, en la década de 1940, de cuyas ideas, junto con las reformas sociales del doctor Calderón Guardia, salió la Costa Rica moderna. Defensa del interés público desde todas sus posiciones, públicas y privadas, porque también destacó como empresario, ya que no vivió de lo política ni mucho menos de gollerías obtenidas a su calor. Su concepto de la política era el de servicio, como en la primigenia democracia griega, y que en su caso era también una resultante de su fe cristiana activa: la política como forma de servicio a los demás, y de cumplir con el precepto básico de Jesucristo del amor como regla de conducta social. De ahí su interés por la justicia social.
Tales principios lo llevaron en los últimos años de su vida a luchar como ciudadano, con gran tesón y paciencia, por disminuir la violencia y la corrupción sobre los menores, mediante el control de los espectáculos públicos dirigidos a ellos, como lo permite y lo impone la Convención de Derechos Humanos. Es un hecho probado, que no admite discusión, que la violencia en los espectáculos públicos genéricos, como la televisión, que no permite discriminar la audiencia, genera comportamientos violentos y aumenta la temperatura general de la violencia en la sociedad.